Los liutai

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Mientras los grandes “violinistas-compositores” tocaban o escribían música de manera constante, otros artistas trabajaban horas y horas en sus talleres y en absoluto silencio, con sus maderas que convertían en violines. Y esto sucedía en la misma época que los violinistas-compositores. Es decir, entre 1600 y 1750. Es bien conocida la fama de los instrumentos italianos, encabezada por los que construyó Antonio Stradivari. Pero resulta curioso que estos dos fenómenos, tan vinculados uno del otro, apenas exista información sobre la supuesta relación. Violinista y constructor, o violinista y luthier, siempre han sido inseparables. ¿No es curioso que apenas se sepa con qué violines tocaban los violonistas-compositores? ¿Cuando es sabido que muchos de los domingos acostumbraban reunirse en la catedral con la finalidad de escuchar la sonoridad de los nuevos violines?

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Brescia

Brescia y Cremona        

En estas dos ciudades, situadas al norte de Italia, se fundaron los dos talleres históricos para la construcción de violines. El de Brescia se inició con Gasparo di Francesco Bertolotti, que ya figuraba como “maestro dei violini”, hacia el año 1568. Parece que nació hacia 1542 en Saló, sobre el Lago di Garda, y murió en 1609. Se trasladó a Brescia como ayudante de Gerolamo Virchy, liutaio de dicha ciudad. Reparaba y construía laúdes, liras, violas “da braccio” y “da gamba”. Gasparo da Saló hizo muy pocos instrumentos y su sonoridad es extremadamente dulce. Varios de ellos están decorados con mucha fantasía, como un violín de sus primeros años en que el mango es un arabesco rojo y azul. El puente está formado por dos peces enroscados entre sí, el cordal está enriquecido por la forma de una sirena y en lugar del bucle hay esculpida una cabeza de ángel. Este instrumento fue encargado a Gasparo da Salò por el futuro Papa Clemente VIII.  Luego se trasladó al Museo de Innsbruck. Otro conocido instrumento de Gasparo es un contrabajo propiedad de la Procuraduría de San Marcos en Venecia.

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Violín de Gasparo di Salo Bertolotti

Entre los discípulos de Gasparo da Salò alcanzó una gran maestría Giovanni Paolo Maggini (1580-1630?), que entró en el taller de Gasparo como aprendiz y ayudante. De Maggini habrán llegado unos 50 violines y son obra apreciadísimas. Al principio se inspiró en la obra de su maestro pero más adelante se influenció por los violeros cremoneses. Agrandó ligeramente el modelo de Gasparo. El barniz tenía un bello tono amarillo claro, con poca luminosidad, pero agradable. Maggini acostumbraba a decorar sus violines en la tapa posterior con dos sutiles arabescos.  Su timbre algo velado recuerda al de la viola.

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Violín construído por Giovanni Paolo Maggini

La  importantísima treyectoria de la Escuela de Brescia que duró más o menos un siglo  se cierra con un hijo de Gasparo, Francesco Bertolotti (1565-1614). Entre los  últimos constructores destacaron Antonio Lanza, Pietro VimercatiBattista Vetrini. Luego, practicamente desapareció.

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La Escuela de Cremona

La historia de Cremona fue mucho más larga que la de Brescia. Fue realmente ahí donde se produjo el verdadero milagro de este arte. El número de constructores que trabajaron en la famosa ciudad es realmente impactante. Y lo que destacó fue que el factor familiar jugó un papel determinante. Buena parte de ellos estaban agrupados por familias, llegando incluso a las tres generaciones. En los talleres también habían ayudantes o aprendices, que luego llegaron a ser grandes liutai. La primera familia a destacar es, sin duda, la familia Amati, con Andrea Amati como fundador. La familia Guarneri, con su fundador Andrea Guarneri al frente; los Ruggieri; los Bergonzi; los Guadagnini; los Grancino y, naturalmente, la familia Stradivari. Todos ellos vivían en Cremona, donde habían numerosas iglesias, como la de Santa Agata, San Michele, San Luca y San Domenico, la más bella de todas, que contaba con la plaza más grande, donde se abría la calle dei Coltellai que era  donde vivían la mayor parte de los liutai, entre ellos Antonio Stradivari.

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Cremona

Cremona se halla cerca de Brescia, en el norte de Italia. Sería el centro de un cuadrado formado por Mantova, Modena, Brescia y Milán. Está situada en la Pianura (llanura) Padana, a orillas del río Po. Cremona tiene una larga historia. En el “Quattrocento” y “Cinquecento” vivían y trabajaban allí pintores, escultores y arquitectos, así como también hombres de ciencias, constructores de relojes… Pero durante la primera mitad del siglo XVI, se declaró una guerra en toda la Italia del norte, entre Francia y España,  por el predominio de la zona. Ello significó muertes, violencia, saqueos, epidemias, etc. La paz no llegó hasta 1535. Pero hubo más. En el año 1630, Cremona así como buena parte de Italia, fue víctima de una terrible epidemia de peste. El escritor Alessandro Manzoni relata este hecho en un libro impactante.

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Interior de la Iglesia de San Domenico

En los años de la epidemia, los talleres de los violeros estaban en pleno apogeo. Pero la epidemia dejó Cremona en un estado lamentable. La ciudad fue víctima de una crisis económica enorme que afectó a la agricultura y el comercio. Se tardó casi dos siglos en recuperar el nivel demográfico precedente, mientras que otras ciudades del Ducado de Milán se recuperaban bastante rapidamente. He creído muy necesario explicar este hecho ya que, lejos de pensar que los liutai de Cremona trabajaron en un clima de paz, silencioso o agradable, se vieron envueltos en una situación, que hacía dificil un trabajo tan delicado  y entregado, que requiere absoluta tranquilidad. Y que además lograron unos instrumentos jamás igualados. Es muy importante destacar que más adelante aparecerían otras escuelas de liutai, pero todas ellas nacieron como consecuencia de la de Cremona. De constructores que fueron discípulos de Stradivari, Andrea o Nicola Amati, o bien ayudantes. Destacaron las de Venecia, Milán, Florencia o Nápoles.

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Homenaje a Jorge Wagensberg

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El próximo sábado 1 de Diciembre se celebrará en el Cosmocaixa, un homenaje a Jorge Wagensberg, el que fuera creador del centro, antes Museo de la Ciencia de Barcelona. Todo el día habrá actos para homenajear al científico y pensador, cuya preocupación fue siempre explicar la ciencia de manera inteligible y amena.

Jorge Wagensberg fue un personaje único. Éramos amigos desde finales de la década de los años sesenta. Nos unía el amor por la música, los violinistas y sobretodo el repertorio para violín, en especial la obra de Bach. Para él, la famosa Chacona de la Partita para violín en re menor era una obra única, un ejemplo inigualable de la técnica de la variación, con un contenido que él atribuía a una clara base científica. Una joven violinista, María Dueñas, española residente en Viena y que en su haber ya cuenta con importantes galardones internacionales, ha sido invitada para interpretar varios de los movimientos de la pieza de Bach en el Auditorio de CosmoCaixa. Sin duda, es el mejor homenaje que se le podía rendir a Jorge: oír a Bach en vivo, a través de una intérprete extraordinaria.

También se escucharán dos movimientos de mi obra Formes per a una exposició, partitura realizada junto a Jorge Wagensberg en el año 2000. La obra fue un encargo del entonces Museo de la Ciencia, que más tarde se grabaría en CD, en San Petersburgo, con una orquesta de cámara de dicha ciudad. Debo decir que siempre recordaré las tardes inacabables de cuando Jorge aparecía en mi casa para trabajar en la partitura de esta obra. Se trataba de poner música a las ocho formas más frecuentes de la naturaleza, según Wagensberg. Fueron meses inolvidables, que representaron para mí un enorme estímulo. Eran ocho formas con ocho movimientos, de características absolutamente diversas, lo que repercutió en aumentar considerablemente mi paleta de compositor. ¡Gracias, amigo!

Jordi Cervelló

* Información sobre la Jornada de Homenaje a Jorge Wagensberg: http://www.accc.cat/index/wagensberg_jornada?sz=1600,900,1600,764

* Formulario de inscripción: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdruPwwPvEsYptBQ_lKq8U7-Djh2uZ-2zWT9TbcmuyHzUMPmw/viewform

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Los Liutai

Mientras los grandes “violinistas-compositores” tocaban o escribían música de manera constante, otros artistas trabajaban horas y horas en sus talleres y en absoluto silencio con sus maderas que convertían en violines. Y esto sucedía en la misma época de los violinistas-compositores. De 1600 a 1750. Es bien conocida la fama de los instrumentos italianos encabezada por los de Antonio Stradivari. Pero resulta curioso que dos
fenómenos tan vinculados uno del otro apenas exista información sobre la supuesta relación. Violinista y constructor o violinista y luthier siempre han sido inseparables. No es curioso de que apenas se sepa con que violines tocaban los violonistas-compositores?
Cuando es sabido que en muchos de los domingos acostumbraban reunirse en la Catedral con la finalidad de escuchar la sonoridad de los nuevos violines?

Brescia y Cremona
En estas dos ciudades situadas en el norte de Italia se fundaron los dos talleres históricos para la construcción de violines. El de Brescia inició con Gasparo di Francesco
Bertolotti hacia el año 1568 que ya figuraba como “maestro dei violini”. Parece que nació hacia 1542 en Saló sobre el Lago di Garda y murió en 1609. Se trasladó a Brescia como ayudante de Gerolamo Virchy (liutaio de Brescia siglo XVI). Reparaba y construía laudes, liras, violas “da braccio” y “da gamba”. Gasparo da Saló hizo muy pocos instrumentos y su sonoridad es extremadamente dulce. Varios de ellos están decorados con mucha fantasía como un violín de sus primeros años en que el mango es un arabesco rojo y azul, el puente está formado por dos peces enroscados entre sí, el cordal está enriquecido por la forma de una sirena y en lugar del bucle hay esculpida una cabeza de ángel. Este instrumento fue encargado a Gasparo da Salò por el futuro Papa Clemente VIII. Luego se trasladó al Museo de Innsbruck. Otro conocido instrumento de Gasparo es un contrabajo propiedad de la Procuraduría de San Marcos en Venecia.

Entre los discípulos de Gasparo da Salò alcanzó una gran maestría Giovanni Paolo Maggini (1580-1630?) que entró en el taller de Gasparo como aprendiz y ayudante. De
Maggini habrán llegado unos 50 violines y son obra apreciadisimas. Al principio se inspiró en la obra de su maestro pero más adelante se influenció por los violeros cremoneses. Agrandó ligeramente el modelo de Gasparo.

El barniz tenía un bello tono amarillo claro con poca luminosidad pero agradable. Maggini acostumbraba a decorar sus violines en la tapa posterior con dos sutiles
arabescos. Su timbre algo velado recuerda al de la viola. La importantísima treyectoria de la Escuela de Brescia que duró más o menos un siglo se cierra con un hijo de
Gasparo, Francesco Bertolotti (1565-1614). Entre los últimos constructores destacaron Antonio Lanza, Pietro Vimercati y Battista Vetrini. Luego practicamente desapareció.

Los 24 caprichos

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Fueron escritos en dos períodos, entre 1802 a 1817, y se publicaron en 1820, por la editorial Ricordi de Milán. Las innovaciones, absolutamente geniales, se encuentran ya desde el Capricho nº 1. Brillantísimo. Un continuo arpegiado de cuatro notas, rebotando arriba y abajo con un golpe de arco conocido con el nombre de balzato. Es amplio y con alteraciones rítmicas sorprendentes. Además incluye inesperados grupos de tresillos, que le dan una inestabilidad rítmica extraña y diabòlica.

El número 2, Moderato, es, al contrario, a la cuerda. Es tranquilo e incluso recuerda a Bach en su inicio. Hay problemas de arco más que evidentes, sobretodo por los cambios de cuerda. La inocencia del principio queda eclipsada cuando entramos en el cambio de arco entre la cuerda baja (sol) y alta (mi). El capricho, aunque es un Moderato, se interpreta de manera algo pausada però también hay quien la realiza de manera casi frenética y diabólica. Dos casos de intérpretes que lo tocan de manera totalmente diferente son Ruggiero Ricci (completamente loco) y Michael Rabin (con un sonido aterciopelado y algo barroco).

El número 4, Maestoso, también empieza con serenidad barroca. Escrito en Do menor, es largo y uno de los más interesantes. La melodia de caràcter popular adquirirà caràcter de variaciones, hasta alcanzar un clima de libertad total. Aparecen muchas combinaciones en doble cuerda, en especial de terceras y décimas. Todo él es muy musical.

El número 5, Agitato, es otra gran invención de Paganini. Se inicia con un sorprendente torrente de arpegios y escalas que llegan al límite máximo del batidor. Pero luego viene la verdad del capriccio. Cambio total y entramos en un Agitato de gran velocidad, de caràcter diabólico. El arco salta sin cesar a un tempo casi inverosímil y el efecto es enorme. Pero Paganini propone una distribución del arco muy personal. Grupos de notas saltades a tres arco abajo y una arco arriba con dos otros grupos, uno con cuatro notas arco abajo y otro con cuatro notas arco arriba. El efecto es tremendo. De todas fomas, hay quien lo toca con este golpe de arco original y hay quien lo toca sin este recurso paganiniano. El violinista Ricci lo toca como siempre a un tempo desorbitado però diabólico, mientras que Nathan Milstein lo interpreta como si estuviéramos delante de un espejo. Más lento però de una claridad excepcional.

El número 6, Tremolo, es un capricio cuyo procedimiento era ya utilizado anteriormente. Por Locatelli, por ejemplo. Escrito a dos voces, una de ellas haciendo el
“tremolo” mientras la otra se recrea en una melodia simple y expresiva. Se forman intérvalos de tercera, cuarta, quinta y sexta, que junto con la melodía se obtiene un amplio abanico armónico, poético y misterioso. Todo él es de una gran finura y está escrito en Sol menor.

El número 9 es el siguiente que querría comentar. ¿Cómo se puede describir el clima onomatopeico de este capricho en dobles cuerdas evocando las fanfarrias, las imitaciones naturalísticas y la atmósfera de la caza? Pues Paganini lo describe de manera perfecta. En la parte central el humor paganiniano aparece en una variación
humorística y simpàtica en forma de dialogo. Cuatro notas rápidas seràn
respondidas por dos tranquilas corcheas.

Paganini i dansaires

El número 13 es de los más conocidos y ejecutados Se conoce como “La risata
del diavolo”. Se inicia con terceras cromáticas descendientes, que imitan la risa del diablo. Luego toda la parte central es un juego de rápidos cambios de cuerda, y una ràpida bajada cromàtica en octavas. Hay también saltos dificiles entre la cuerda baja y el mi agudo. Su efecto es inmediato.

El número 17, escrito en Mi bemol, inicia con un Andante muy simpático y
original. Un grupo de rápidas fusas concluyen con tres corcheas de caràcter gracioso. Luego lo difícil. Terreno paganiniano. Pasajes sorprendentes y muy dificiles de octaves digitades a gran velocidad provocando un contraste total. Luego la repetición del Andante que da fin como si nada hubiera ocurrido.

El número 19 es un capricho un tanto extraño. Tres secciones. Cuatro compases
introductivos lentos y como alertando. Segunda sección un Allegro assai de caràcter humorístico y picaresco. Corcheas picades arco arriba en piano con respuesta contundente de dos corcheas en doble Cuerda y fuerte. La segunda corchea coincide con la caida del siguiente compàs. Pero luego todavía no tiene bastante y emprende una especie de carrera a base de semicorcheas como si escapara de algo y a ritmo aceleradísimo en la cuarta Cuerda Sol. La primera vez fuerte y la segunda piano. Luego
de nuevo el Allegro assai con el que concluye.

El número 24 es el último y el más famoso. Un capricho en La menor en forma de
variaciones. Once en total. Es una especie de calidoscopio que impresionó a otros grandes compositores, que lo utilizaron para crear obras muy importantes. Liszt, Brahms, Rachmaninov… De hecho este capricho es como un compendio de técnica violinística. Prácticamente se encuentra lo más esencial, ya sea sobre la mano izquierda o la técnica de arco. Su caràcter tiene algo de despedida. Inicia con la presentación del tema, una melodia tranquil·la y de caràcter popular, tras la cual comienza la chispeante primera variación. La variación 8, con sus acordes a tres y luego el pizzicato, entre la mano izquierda y el arco, a la que sigue una variación celestial en el agudo, provocan una especie de intermedio, que queda resuelto con la decidida y brillante última variación.

Paganini Caprici 24

Paganini

Paganini caricatura 2

Nicolò Paganini (1784-1840)
Si con Viotti se cierra el período clásico, un nuevo elemento que creó convulsión y que revolucionó el panorama violinístico fue la llegada de Nicolò Paganini. Su aparición fue un fenómeno aislado. No deriva de ninguna escuela en concreto, tampoco formó escuela alguna, pero su arte personalísimo sirvió de revulsivo para el arte violinístico. A los 12 años su padre lo mandó a Parma, donde tuvo contacto con Alessandro Rolla, que era
un reputado violinista, solista de aquella corte. Paganini estuvo durante los años 1796 y 1797 estudiando con él, y también contrapunto con el maestro napolitano Ghiretti.

Paganini, 1832, by Sir Edwin Landseer

Su primer gran concierto en Viena, el año 1828, causó una impresión enorme. Estuvo otros seis años fuera de Italia, cosechando éxitos por toda Europa. Era considerado el mejor y más gran violinista de todos los tiempos, impulsando el desarrollo de la técnica violinística hasta límites insospechados. Dejó un legado compositivo extraordinario. De manera especial sus célebres 24 Capricci, una obra personalísima que, junto con las Seis sonatas y Partitas de Bach, ocupa hoy la cima del repertorio violinístico.

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Los capricci de Paganini son de una originalidad total. Aunque conocía la obra de Locatelli, su gran personalidad va más allá de fórmulas técnicas conocidas o aprendidas. Paganini inventa, en cada capricho, siendo todos ellos de un juego imaginario siempre distinto. Algunos son sumamente atractivos y otros poseen una frialdad que atrae por su novedad.

El virtuoso italiano tocaba con un famoso violín construído por Giuseppe Guarneri del Gesú, apodado como Il Canone.

Paganini fue el intérprete más grande de toda la historia -y también el más controvertido-, con una vida repleta de aventuras, alguna de las cuales lo comparaban con el mismísimo Satanás, ya fuera por sus actos como por su aspecto singular. Era alto, delgado, de aspecto cadavérico, ojos brillantes y con una presencia sobre el escenario que provocaba una profunda impresión.

paganini - capritx 24

 

Viotti

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Viotti, per Antoine Maurin

Giovanni Battista Viotti (1755-1824)
Nacido en Fontaneto Po, cerca de Vercelli, este gran violinista es considerado el creador de la escuela moderna del violín. Viotti fue el continuador de la tradición italiana y, después de dos nombres clave como fueron Corelli y Tartini, constituiría la última afirmación clásica. En especial y sobretodo gracias a sus conciertos para violín.

Su vida, brillante y también convulsa, está plena de hechos contrastantes. Viotti fue el principal heredero de los violinistas y compositores italianos y no italianos. Nació cuando todavía faltaban casi 30 años para que naciera Niccolò Paganini.

Como ya dije en su momento, Viotti fue discípulo de Pugnani, con quien inició su carrera. Estudió en su famosa escuela y fue violinista de la Capilla Real de Turín. Un primer viaje artístico lo hizo en 1780, cuando se presentó como concertista junto a Pugnani. Primero en Ginebra y luego en Dresde, Berlín, Varsovia y San Petersburgo. En 1782 produjo un efecto enorme en París. Al estallar la Revolución Francesa, regresaría a Fontaneto y de ahí, a través de Suiza, Alemania y Flandes, llegaría a Londres.

En 1798, siendo director del King’s Theatre se le atribuyeron relaciones con los revolucionarios franceses y es expulsado. Se refugia en Alemania permaneciendo tres
años. Regresa luego a Londres y París donde se dedica a diversos negocios que acaban negativamente.

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En Paris
Decisiva fue la nueva estancia de Viotti en Paris, donde tendrá un amplio reconocimiento. He aquí la historia. Tres ilustres violinistas franceses, Pierre Marie Baillot, Pierre Rode y Rodolfo Kreutzer -el que fue dedicatario de la famosa sonata de Beethoven-, los tres profesores del Conservatorio de Paris, tenían como objetivo reorganizar el departamento de violín. Los tres eran expertos en la composición de conciertos para violin solista. Ellos crearon una antología de antiguas obras para violín bajo el título de L’art du violon. Muchas de las obras serán todavía originales. Pierre Marie Baillot (1771-1842) era discípulo de Pollani, que a su vez fue disípulo de Pietro Nardini y un óptimo cuartetista; Rodolphe Kreutzer (1766-1831) fue discípulo de Stamitz, escribió los célebres 40 estudios para violín, presentes en los conservatorios de todo el mundo; y Pierre Rode (1774-1830), discípulo de Viotti, también escribió una obra indispensable: los 24 Caprici de violín, escritos en todas las tonalidades. Estos tres grandes “violinistas-compositores” sentían una gran admiración por Viotti que era veinte años mayor que Rode.

Kreutzer Estudis

Viotti compuso 29 conciertos para violín importantísimos, una verdadera innovación. Aunque era italiano, sus largas estancias en Paris lo inclinaron hacia el gusto francés, sin olvidar el “cantare” de su patria. Su objetivo principal era escribir obras de concierto con una propuesta pedagógica, expresiva y haciendo hincapié en la técnica del arco, es decir el sonido. Unas obras que fueran la antesala de los conciertos del periodo romántico. También es necesario decir que su influencia en la obra de Rode y Kreutzer, con sus Estudios y Caprichos, fue evidente. Además del Concierto nº 3 en La Mayor, de su primera época, su enorme aportación comienza con el número 17, en re menor; y el 18, en mi menor. Es el inicio de una forma dramática, cuyo efecto impresionó a todos. Fue durante un concierto a cargo de Pierre Rode en el año 1791, tocando ambas obras. A estas obras destacadas, hay que añadir cuatro conciertos, entre ellos el que se titula Concerto John Bull, que es el número 23 y que contiene un Adagio compuesto a la manera de Haendel; y también los números 22, el 28 y el 29. Aquí, en estos últimos conciertos, Viotti demuestra una invención que pone en camino seguro frente al inminente período romántico.

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Giuseppe Tartini

Giuseppe Tartini (1692-1770)
Otro grande de la gran historia violinística de Italia. Tartini fue un hombre exuberante, lleno de fantasía y abierto a las más excitantes manifestaciones. Nació en Pirano (Trieste). Tras una juventud aventurera, se dedicó al violín. En Asís recibió lecciones de violín y composición del bohemio Bohuslav Cernohorski (1684-1742), que era fundador de la escuela de violín bohemia y maestro de Gluck. En 1716 se hallaba en Venecia invitado por el elector de Sassonia y tocó junto a Veracini, de quien recibió valiosos consejos. En 1721 es nombrado primer violín de la Orquesta del Santo en Padua, lugar en el que permaneció de por vida, salvo largas giras de conciertos. De 1723 a 1726 se trasladará a Praga, en ocasión de la coronación de Carlo VI. De nuevo en Italia, se instala en Padua, donde vivirá un tiempo. Tenía una renombrada escuela de violín, que fundó en 1728, donde además de la enseñanza musical también se impartían estudios sobre técnica y acústica. Por otra parte, escribió obras didácticas de gran importancia como L’arte dell’Arco, donde explora una Gavotta de Corelli en 50 variaciones. Un tratado
curiosísimo es el llamado Trattato delle appoggiature ascendenti e discendenti per il violino come pure il trillo, tremolo, mordente ed altro con dichiarazione delle cadenze naturali e composte. Otro tratado, que interesó vivamente en Francia, fue el publicado en 1754 con el título de Trattato di musica secondo la vera scienza dell’armonia, que daría origen a una gran polémica.

Tartini

Sobre Tartini se explica que al componer se inspiraba leyendo poesía, especialmente de Petrarca, Metastasio y Tasso. Los títulos de muchas de sus obras, especialmente las sonatas, los escribía en alfabeto enigmático. También en su famoso Il trillo del diavolo confirma un sentir poético e impresionable. Tartini siempre decía que lo mas fundamental para tocar el violín es “hacerlo cantar”. Entre sus sonatas para violín destacan las tituladas Didone abbandonata, Imperator e Il trillo del diavolo, famosa por sus leyendas. Esta obra inspiradisima, que inicia con su hermoso tema, es también un excelente ejercicio sobre el trino, trabajando ya sea su rapidez o como pedal en largas notas. Abundan las dobles notas, poco abundantes en aquellos tiempos. Sin embargo lo que destaca especialmente es su atmósfera personal, única y que convierten esta obra en uno de los mejores ejemplos del barroco. El catálogo de Tartini es muy amplio: alrededor de 140 conciertos para violín, 50 tríos, sonatas, concerti grossi y numerosas piezas que se conservan en el archivo de la Capilla del Santo en Padua.

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El somni de Tartini, de Louis-Léopold Boilly (1824)

Felice Giardini (1716-1796)
Nació en Turín. Fue alumno de Somis y violinista de la Opera de Roma, con tan solo 12 años. Virtuoso de gran fuerza, tuvo una vida muy agitada. Actuó en Roma y Nápoles, y también en Alemania, Francia y Rusia. Giardini destacaba por una ornamentación, a veces exagerada, pero gustaba por su temperamento. En Londres cosechaba grandes éxitos como  violinista y como director, al frente de la Opera Italiana. En 1793 se estableció en Rusia y fundó una compañía operística como empresario, pero murió en la miseria. Giardini dejó escritas cuatro óperas, música escénica, sonatas para violín solo, tríos para violín, viola y violonchelo; y cuartetos de cuerda.

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Pietro Nardini (1722-1793 )
Fue el mas célebre discípulo de Tartini y se formó en su famosa Escuela. Era toscano, de Fibiana, y murió en Florencia. Su técnica violinística fue apreciada por Leopold Mozart y por sus contemporáneos. Destacaba por un sonido dulce y expresivo. Fue violinista de la corte de Stuttgart y luego director de música de la corte del duque de la Toscana. Fue también un notable compositor y a él se deben seis conciertos para violin (su concierto en mi menor fue publicado por Hauser), seis sonatas, seis duos para violín, seis tríos con flauta y seis cuartetos de cuerda. Curioso que Nardini compusiera todas sus series de seis en seis.

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Gaetano Pugnani (1731-1798)
Discípulo de Giovanni Battista Somis, que a su vez había sido discípulo de Corelli. Pugnani, por su parte, fue el maestro del gran Viotti, fundador de la escuela moderna de violín. Además dio conciertos en Francia, Holanda e Inglaterra. En 1770 sería el primer violín de la Real Capilla de Turín y en 1776, Director General de la Música. En su carrera concertística utilizó un violín de Guarneri del Gesú del año 1734. Entre sus obras, destacan nueve óperas, doce sinfonías, nueve conciertos de violín, además de sonatas, duos, tríos y cuartetos. Pugnani es muy conocido sobre todo por la famosa pieza de Fritz Kreisler titulada Preludio y Allegro, donde aparece el nombre de Pugnani, sin que éste no tuviera nada que ver con la pieza. Kreisler tenía por costumbre que tras su nombre apareciera el de algún otro autor conocido, argumentando que el tema o algun motivo de su pieza era recogida del misterioso compositor.

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