Violinschule, de Leopold Mozart (2)

Continua la sèrie d’articles que Jordi Cervelló dedica al tractat de violí del pare de Mozart, que fa poc l’Editorial Arpegio ha publicat per primera vegada en castellà.

Continúa la serie de artículos que Jordi Cervelló dedica al tratado de violín del padre de Mozart, que hace poco ha sido publicado en castellano por primera vez, por parte de la Editorial Arpegio.

Leopold Mozart 4

Violinschule, tras un prólogo del mismo Leopold Mozart se inicia con una parte introductoria de corte histórico sobre los instrumentos de arco, el origen de la música hasta el nacimiento de la notación musical, algunas reglas de solfeo y una explicación de todos los signos musicales y de términos técnicos.

Es a partir del segundo capítulo que comienza el verdadero tratado al que dedica el grueso de la publicación, sin olvidar ningún aspecto básico, ya sea técnico o de expresión, relacionado siempre con la mejor calidad de sonido.

Como dije en el capítulo de ayer, el contenido de Violinschule se puede considerar en gran parte vigente en nuestros días. Leopold Mozart lo realizó con una  inteligencia pedagógica del más alto nivel, con la finalidad de conseguir un tratado que, de una vez por todas, sirviera de guía para los estudiantes y sobre todo para los profesores. Leopold, no soportaba que para “un instrumento tan común y casi imprescindible para la mayoría de los  músicos como es el violín, no hubieran aparecido ningunas indicaciones…, algunas reglas…”

El capítulo número 2 es el inicio de la técnica violinística que el padre de Mozart titula Sobre cómo el violinista debe sostener el violín y mover el arco. Según sus propias palabras, y abreviando dos definiciones, dice: “La forma de coger el violín es cómoda y relajada. Se coloca contra el cuello, de forma que esté apoyado en el hombro y bajo la barbilla. De este modo el violín permanece inmóvil, incluso con los movimientos ascendentes y descendentes más fuertes de la mano”.

Y sobre el arco:
“El arco se coge con la mano derecha en su extremo inferior, entre el pulgar y la falangina del índice o incluso algo detrás de ella. El meñique debe permanecer apoyado sobre el arco pues contribuye en gran medida a su control. Y con ello, a la fuerza o ligereza necesaria si se presiona o se relaja”.

Hace luego una serie de recomendaciones sobre las definiciones expuestas que reafirman más su claro y avanzado concepto sobre lo que será la base de un buen comienzo. Una mala colocación, o incluso un poco deficiente, al inicio, puede acarrear graves problemas en el progreso.

Dice: “El violín no se debe sostener ni demasiado alto ni demasiado bajo… al nivel de los ojos. A ello ayudará mucho que las partituras que se deseen leer no estén muy bajas, sino que se sitúen frente a la cara, de manera que no haya que encorvarse…”

Y sobre el arco: “Sitúese el arco más bien recto y perpendicular a las cuerdas (…), de este modo se consigue más fuerza y evitar de ladear tanto el arco que, al ejercer mayor presión sobre él, se frota más con la madera que con las cerdas”.

Sobre el instrumento: “El violín debe mantenerse quieto (…), no se debe girar de un lado a otro con cada arco (…) comprobar siempre la postura completa del principiante para no permitirle ni la más mínima falta pues poco a poco, se convertiría en un hábito permanente que no sería fácil de eliminar (…)”

Y por último recomienda: “(…) un principiante debería tocar siempre con firmeza, con toda su fuerza, enérgica y sonoramente, nunca débil y tímidamente (…)”

Sólo con este inicio del tratado es suficiente para percatarnos de la inteligencia pedagógica de Leopolod Mozart con un instrumento tan difícil como es el violín.

El violín se toca y estudia de pie al contrario del violonchelo o el piano. Cada brazo y cada mano tienen una misión distinta. En el piano por ejemplo los dos brazos y las manos realizan movimientos iguales. El brazo izquierdo del violín ya de entrada tiene una posición antinatural por la rotación interna del antebrazo. El brazo derecho, en cambio, actúa de manera natural. La posición del brazo izquierdo en el violonchelo tiene en cambio una posición natural. No hay contorsión alguna y la mano se desliza por el batidor con normalidad.

Todo lo apuntado por Leopold Mozart en el comienzo del estudio del violín es básico e importante. Comenzar con una postura correcta ya desde el primer momento, hecho que el gran maestro salzburgués entendió a través de sus enseñanzas, y sobre todo observando los “disparates” de muchos colegas suyos, que enseñaban sin una base rigurosa.

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  1. Retroenllaç: Violinschule, de Leopold Mozart (3) | Jordi Cervelló

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