Violinschule, de Leopold Mozart (3)

Tercera entrega de la sèrie d’articles que Jordi Cervelló dedica al tractat de violí de Leopold Mozart, que fa poc l’Editorial Arpegio ha publicat per primera vegada en castellà.
Podeu recuperar el primer i el segon capítol.

Tercera entrega de la serie de artículos que Jordi Cervelló dedica al tratado de violín de Leopold Mozart, que hace poco ha sido publicado en castellano por primera vez, por parte de la Editorial Arpegio.
Podéis recuperar el primer y el segundo capítulo.

Leopold Mozart 1

Momento de hablar del quinto capítulo, que titula “De cómo a través de un hábil control del arco se debe buscar y producir un buen sonido en el violín”. Este título dice mucho por si solo. Calidad ya desde el inicio a través del arco, que debe buscar siempre un sonido puro.

Las palabras del maestro son tajantes en lo que se refiere al ataque de una nota con el arco: “Cualquier sonido, incluso el más fuerte, inicia el ataque con un breve apenas perceptible toque débil. De otro modo no se trataría de un sonido sino de un fuerte ruido desagradable e ininteligible”.

Perfecta esta definición, ya que, por dejadez y falta de gusto, muchos violinistas todavía en el día de hoy -incluyendo a grandes profesionales- incurren a menudo en un ataque fuerte que suena seco y antimusical.

El arco es una varilla de madera de Pernambuco que mide entre 73 y 74 cm, elástica y con peso diferenciado. Se desplaza hacia arriba o hacia abajo mientras los dedos de su mano derecha presionan más o menos la varilla según el tono que se quiere conseguir. Por ello son necesarios los ejercicios en toda su extensión a base de subdivisiones del arco. De débil a fuerte y a la inversa, aumentando o disminuyendo el sonido, pero también saber desplazarlo muy lento y suave dentro de un pp constante. En la técnica moderna del violín es una parte habitual e imprescindible para el control del sonido. Y aquí, Leopold Mozart nos depara otra sorpresa. Sabía perfectamente que, debido al peso desigual del arco en toda su extensión, la subdivisión de éste con los consecuentes ejercicios de presión e igualdad era materia obligada.

En su tratado aparecen cuatro ejemplos y cuatro maneras de subdividir el arco que ilustra con cuatro dibujos y sus correspondientes indicaciones. Los basa en la alternancia de matices fuerte-débil.

Dice en el primer ejemplo: “Comiéncese el arco de abajo o arriba con una comoda suavidad…, auméntese el sonido mediante una presión imperceptible y suave…, en la mitad del arco se aplicará la mayor fuerza que se aligerará relajando el brazo poco a poco hasta que el sonido se pierda por completo cuando acabe la arcada”.

Y en el cuarto ejemplo: “(…) el matiz fuerte será siempre precedido y seguido por el matiz débil. Este matiz fuerte, repetido de forma alterna entre matices débiles, puede interpretarse cuatro, cinco o seis, o incluso más veces”.

Leopold Mozart ya preconizaba lo que habitualmente llamamos en francés sons filé, como indicación de un sonido prolongado. Es decir, una arcada ejecutada lo más lentamente posible. Lo explica así: “Además se puede hacer un experimento que consiste en esforzarse por producir un sonido perfectamente regular mediante una pasada lenta del arco desde un extremo a otro manteniendo una fuerza constante (…)”. Y acaba esta parte refiriéndose a las subdivisiones que recomienda así: “Practicando diligentemente estas subdivisiones se adquiere destreza para controlar el arco hábilmente mediante la cual se logrará la pureza del sonido”.

Extraordinaria, pues, su visión sobre un aspecto imprescindible de la técnica del arco en toda su extensión.

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