Violinschule, de Leopold Mozart (i 4)

Quart i últim capítol de la sèrie que Jordi Cervelló ha dedicat al Tractat de violí Violinschule de Leopold Mozart, amb motiu de la publicació, per part de l’Editorial Arpegio, per primera vegada, de la traducció en castellà.

Podeu recuperar els capítols anteriors a través d’aquest enllaç.

Cuarto y último capítulo de la serie que Jordi Cervelló ha dedicado al Tratado de violín Violinschule de Leopold Mozart, con motivo de la publicación por primera vez, por parte de la Editorial Arpegio, de la traducción al castellano.

Podéis recuperar los capítulos anteriores a través de este enlace.

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El Capítulo VII del método de Leopold Mozart está dedicado a las arcadas mixtas con notas iguales y también con grupos de notas diferentes e irregulares. Lo explica con numerosos ejemplos gráficos, escritos con su propia caligrafía. Sorprende también su gran conocimiento de las llamadas “dobles cuerdas” y de los acordes arpegiados que ya J. S. Bach utilizó especialmente en sus Seis Sonatas y Partitas para violín solo. Leopold explica como deben ejecutarse con, su habitual claridad, haciendo hincapié en la afinación entre las dos notas simultáneas, poniendo como base la “tríada armónica” y las notas que por vibración natural también se escuchan.

El Trino ocupa el Capítulo X. Propone ejercicios de lento a rápido entre dos notas, segunda mayor o menor, y dice: “Dependiendo de la velocidad, el trino puede dividirse  en cuatro categorías: lento, intermedio, rápido y acelerado. El lento se usa para piezas tristes y lentas; el intermedio, en piezas que tienen un tempo moderado aunque alegre; el rápido, en piezas muy vivas, llenas de espíritu y movimiento; y el acelerado se usa sobre todo en las cadencias”.

Esta definición es otra de las sorpresas que nos brinda Leopold Mozart. La definición es perfecta ante una cuestión que incluso en el día de hoy se tiene poco en cuenta. Un trino no siempre es rápido sino que, según el carácter de la música, su velocidad no será la misma. Por inercia y falta de paciencia, no se analiza que clase de trino requiere un pasaje determinado. Tocar un trino a velocidad más bien lenta y regular es más difícil que tocarlo rápido. El lento requiere control mientras que el rápido se logra mediante una especie de contracción nerviosa.

Llegamos al Capitulo XI que lleva por título: “Sobre el trémolo (vibrato), el mordente y otros adornos improvisados”. Su concepto sobre el vibrato – movimiento ondulatorio de la mano izquierda – es también un ejemplo de sabiduría. Dice el padre de Mozart: “puesto que el vibrato no se mantiene fijo en una nota, sino que suena de modo ondulante, sería un error tocar cada nota con vibrato”. Sigue diciendo: “Hay algunos intérpretes que vibran continuamente en todas las notas, como si padecieran temblores crónicos”. Totalmente de acuerdo. Son muchos, demasiados los intérpretes de instrumentos de arco que tienen este defecto “musical” considerado como muy grave por lo que significa la palabra vibrar.

El vibrato de la voz humana y el vibrato de un instrumento de cuerda define la personalidad de quien canta o toca. Por ejemplo, si hacemos tocar a dos violinistas  sin ser vistos, al que escucha con el mismo violín y las mismas notas, será fácil adivinar quién es cada uno. Yo mismo detecto rápidamente a grandes violinistas como Heifetz, Oistrakh o Menuhin, tan solo escuchando dos o tres compases. Es la parte que más define la expresividad de un intérprete, y la que es necesario trabajar técnicamente pero con arte. El vibrato debe poder expresar pasión, alegría, dolor, amor, como lo hace la voz humana.

Siguiendo con la definición de Mozart, añade: “El vibrato debe aplicarse solo en aquellos lugares en los que surgiría por sí solo y de manera natural”. También aquí hace su división en tres categorías. El de oscilación lenta, creciente y la rápida. Habla luego de mordentes, apoyaturas e inventa el nombre de “mordente gentil” que se refiere a la combinación rápida y silenciosa de dos notas con carácter más sutil.

Ya en el Capitulo XII, el último, que lleva por título “Sobre la correcta lectura y, en particular, la buena interpretación”. Comienza con una queja hacia los intérpretes, a los que reprocha un desconocimiento de la métrica, y que muchos, considerados como virtuosos, toquen sin orden ni expresión, sin diferenciar el forte del piano, así como ciertos adornos en lugares erróneos. Dice textualmente: “Tiene más mérito artístico leer correctamente y de acuerdo con sus indicaciones las obras musicales de los buenos compositores, que estudiar los más difíciles pasajes a solo y conciertos”. Con su criterio de músico total dice que un buen violinista de orquesta debe conocer el arte de la composición y saber distinguir el carácter de una obra, el tempo y el tipo de movimiento.

Por último reproduzco las líneas finales del Tratado, que tiene como finalidad la interpretación correcta:

La redacción de este libro tiene como objetivo conducir a los principiantes por el buen camino, así como prepararles para el reconocimiento y la percepción del buen gusto musical. ¿Quién sabe si alguna vez me atreveré de nuevo a enriquecer al mundo musical con otro escrito, si comprendo que mi esfuerzo por servir a los principiantes no ha carecido de sentido?

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