¡Ay, España!

Parlamento Español

Foto: REUTERS/ J. J. Guillen

¿Dónde estamos? ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué podemos pensar de una clase política tan alejada del ciudadano? Un gran muro nos separa. Ellos y nosotros. Como en los países totalitarios.

El pueblo español va de sorpresa en sorpresa. La credibilidad de los políticos cae en picado. Los ciudadanos están compuestos de millones de personas. Ellos son sólo una pequeña parte su responsibilidad es máxima. Evidentemente que una parte de parlamentarios obran de buena fe. Pero el demonio gana. Tiene recursos. La mayoría absoluta del Partido Popular le ha permitido maniobrar a su antojo. Reírse del pueblo. Como si no existiera.

Hace ya muchos años que es sabida la corrupción que impera en España. Y ésta corrupción afloraba con nombre propio. Sin embargo, la justicia, silenciada. Se sabía y mucho pero no había manera de que los centenares de delitos afloraran. Ahora, de repente salen a la luz algunos casos, que todos conocíamos de hace unos veinte años. ¡Ahora!

Me pregunto porqué la justicia ha tardado tanto en reaccionar. ¿Cree el ciudadano español que el aparato judicial realiza bien su trabajo? El pueblo se lo traga todo y es fácil engañarle con cuatro palabras sutilmente envenenadas. Imputar a jueces sería lógico en una democracia. Saber exáctamente el porqué de unos retrasos inadmisibles en imputar a ciudadanos que han actuado de manera criminal.

Veo a la clase política y acompañantes como si fueran hormigas asesinas, que devoran todo lo que tienen por delante. En lo nuestro sería robar y robar sin tregua. Desde el inicio de la crisis económica, gran parte de la población española, incluyendo la población infantil, ha sufrido lo indecible. La desocupación, los deshaucios, los trastornos mentales, el consumo de alcohol y drogas y, lo peor, el suicidio, que ha aumentado un 45%. Basta leer los datos oficiales donde aparece cada infortunio con el nombre de la persona y de qué manera se suicidó. Sin embargo, también hay la consigna de no reflejar todas estas terribles muertes voluntarias.

Concluyo. El espectáculo que estamos viendo en estos momentos es patético y vergonzoso. Nadie esperaba que afluyeran tantos y tantos casos de corrupción, la mayoría provenientes del Partido Popular. Y que encima los españoles les proporcionen una buena dosis de votos en las próximas elecciones. Un partido que se rie de las miserias de los ciudadanos, mientras elementos de su partido van amontonando cantidades desorbitadas de dinero, indica que el país está hundido moralmente.

Un pueblo que ha sufrido lo indecible sólo por culpa de un buen lote de ciudadanos que ha optado por robar lo que no le pertenece, es de una asquerosidad que jamás hubiera pensado. “Rita eres única, ¡nunca cambies!“. Señor Rajoy, es usted un falso embustero y sólo por decir esta frase, sabiendo de las barbaridades cometidas en su querida Valencia, merecería la imputación inmediata.

Jordi Cervelló

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