El Segon Concert de Saint-Saëns

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Aquesta obra ha estat molt important per a mi. Recordo quan em va venir a les mans una partitura ja vella -ara té un lleuger color crema- d’aquest concert, publicada a París per la coneguda editorial Durand. Jo tindria uns 15 anys. A més aquella edició tenia una enquadernació especial. Va coincidir també que per aquelles dates disponia també d’una excel·lent gravació, a càrrec de la pianista britànica Moura Lympany. Escoltava el concert a totes hores. Els primers compassos de la introducció em recordaven a Bach. Vaig tenir la mania d’interpretar-lo amb un fals piano, que era la taula del menjador. Me les vaig apanyar per que una part d’aquella taula fes de teclat. Sense partitura i amb el disc en marxa, imitava la pianista.

Encara en relació al concert, vaig tenir una gran alegria quan em vaig enterar, per casualitat, que en una conversa entre Maurice Ravel i Arthur Rubinstein, el pianista va preguntar al compositor com s’ho feia per a instrumentar de manera tan meravellosa. I Ravel li va deixar anar: “Amb el Concert en sol menor de Saint-Saëns”. Quan ho vaig llegir, quasi no m’ho creia, ja que aquesta obra no és precisament un gran exemple sobre l’art de la instrumentació. Però sí que vaig entendre a què es referia Ravel. Que Saint-Saëns componia amb un mínim de notes. Només les necessàries. I llegint aquest concert es pot observar que hi ha gairebé tantes notes com pauses. I Ravel li va fer cas.

Jordi Cervelló

 

Esta obra ha sido muy importante para mi. Recuerdo cuando me vino a las manos una partitura ya vieja -ahora con un tenue color crema- de este concierto, publicada en París por la conocida editorial Durand. Yo tendría unos 15 años. Además tenía una encuadernación especial. Coincidió que disponía por aquellas fechas de una excelente grabación, a cargo de la pianista británica Moura Lympany. Escuchaba el concierto a todas horas. Los primeros compases de la introducción me recordaban a Bach. Tuve la manía de interpretarlo con un falso piano, que era la mesa del comedor. Me las arreglé para que una parte de dicha mesa hiciera de teclado. Sin partitura y con el disco en marcha, imitaba a la pianista.

Aún hablando del concierto, tuve una enorme alegría cuando me enteré por casualidad de que, en una conversación entre Maurice Ravel y Arthur Rubinstein, el pianista preguntó al compositor como lo hacía para instrumentar de manera tan maravillosa. Y Ravel le espetó: “Con el Concierto en sol menor de Saint-Saëns”. Cuando lo leí, casí no lo creía, ya que esta obra no es precisamente un gran ejemplo sobre el arte de instrumentar. Pero sí entendí a lo que se refería Ravel. Que Saint-Saëns componía con un mínimo de notas. Solo las precisas. Y leyendo este concierto se puede observar que hay casi tantas notas como pausas. Y Ravel le hizo caso.

Jordi Cervelló

Otra vez, María Dueñas

Maria Dueñas

En esta ocasión con el primer movimiento, con la cadenza, del Concierto para violín y orquesta núm. 1 de Paganini. Y, de nuevo, con una impresión enorme. Su sonido es bellísimo, empastado, puro, con un tono ya concreto. Da gusto oir como canta esta obra de carácter operístico. Y causa una gran impresión ver como resuelve tanto pasaje intrincado, que debe ejecutarse con autoridad. El arco, fenomenal. El détaché, bellísimo. Y el sonido en general es oro de la mejor ley. Toca con un Niccola Gagliano, que precisamente fue el primer violín de concierto de Anne-Sophie Mutter.

La grabación -con un pianista que las sabe todas- es suficientemente buena para valorar esta jovencita maravillosa. ¿Exagero? No creo. No tengo porqué hacerlo. Ahora dependerá de su enfoque, tanto a nivel familiar como de sus consejeros. Cuidado con los concursos. Ganarlos es importantes, pero deben dosificarse y mucho. Son un grave peligro. Espero lo mejor para ti, María.

Jordi Cervelló