Los imaginativos dibujos de Hartmann y Mussorgsky

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Viktor Hartmann

Fue en el año 1874 cuando la Academia de las Artes organizó una exposición dedicada a Viktor Hartmann, fallecido el año anterior. Modest Mussorsgky sintió mucho la muerte de su amigo quien con su estilo “neoruso” ejerció una enorme influencia en su música.  Los dibujos arquitectónicos que figuraban en la exposición son los que provocaron la composición de una de las obras pianísticas más geniales Cuadros para una exposición, compuesta también en 1874. El dolor que le provocó la muerte del joven Hartmann llevaron a Mussorsgky a la bebida desenfrenada, que comenzó precisamente en aquellos momentos y que acabó con la vida del compositor.

Los dibujos de Hartmann estaban basados en un minucioso análisis de ornamentos medievales. La obra de Mussorsgky acaba con el boceto para la puerta de la ciudad de Kiev. El compositor ruso dedico los Cuadros a Vladimir Stasov, renombrado crítico y académico del que hablaré más adelante. Es muy conocida la versión que de esta obra realizó Ravel para la orquesta. Si el músico francés la hizo, de ninguna manera fue para demostrar que la obra necesitaba una versión sinfónica. Su orquestación es extraordinaria, y en cierta manera transforma la obra en un plano de gran volumen y colorido. Es necesario advertir, sin embargo, que no se trata de la “versión ideal”, ya que la de piano siempre será superior, con su sonido más esquelético pero mucho más de acorde con el pensamiento del compositor.

La gran porta de Kiev

Esbozo de la Gran Puerta de Kíev, de Hartmann

El apogeo del nuevo estilo arquitectónico ruso fue debido a la abolición de una ley anterior, que estipulaba que los edificios del centro de Moscú debían construirse en piedra y sus fachadas inspirarse en los estilos europeos. Su anulación provocó un torrente de nuevos edificios de madera que seguían el estilo del campesinado.  Moscú adoptaba así la apariencia de una “gran aldea”. Hartmann había diseñado salones con decoración de madera, de estilo folklórico, como la “Exposición Politécnica de Moscú”, construida en 1873 para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Pedro el Grande. Eran los años de renovación e interés por las artes antiguas rusas.

Mussorsgky se había enamorado de Moscu tras toda su vida en San Petersburgo. Se sintió atraído por “el reino de los cuentos de hadas”. Dijo en una ocasión: “La historia es mi amiga nocturna. Su olor a antigüedad lo transportaba a otro mundo”.

En una carta que dirigió a su mentor y amigo Balakirev escribía:  “Tu sabes que yo era cosmopolita, pero se ha producido una suerte de renacimiento, todo lo que es ruso tiene más que ver conmigo y me ofendería que alguien tratara a Rusia con grosería, sin ceremonia; da la impresión de que en este momento por fin he comenzado a amarla”.

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Mussorgsky, pintado por Ilya Repin

Con sus Cuadros es justo decir que Mussorsgky descubrió un nuevo lenguaje en la música rusa. Lo curioso es que era el compositor ruso de mayor personalidad y al mismo tiempo el menos versado en cuanto a técnica compositiva de la escuela europea, que rechazaba violentamente. Quería derrocarla y se aferró al folclore ruso. En este sentido, su ópera Boris Godunov, compuesta entre 1868 y 1874 a partir de un texto de Pushkin de 1825, era perfecta para Mussorsgky.

Unos años antes, Mijaíl Glinka, con su obra maestra Una vida por el zar (1836) había inaugurado la ópera nacional rusa. Con libreto del barón Van Rosen, escribió una especie de “hazaña musical”, con un bello colorido ruso-nacional, cuyo estreno fue un éxito enorme. Su segunda ópera, Russlan y Ludmilia, escrita en 1842, fue fiel a su estilo y sus melodías cautivaron por su frescor y originalidad. Es muy famosa la Obertura de esta ópera, programada frecuentemente por las orquestas sinfónicas.

Volviendo a Boris Godunov. Es una ópera en cuatro actos, con libreto del propio compositor, estrenada en San Petersburgo el año 1874. Ocurre en Moscú y en Polonia. Es una obra única e impactante. La enorme originalidad de la ópera aparece ya desde la introducción, cuyos dos cuadros del prólogo están a cargo del coro que, con su incesante repetición, crea un clima impresionante. Es el tema de fondo de la ópera.

La plaza del Kremlin ocupa el segundo cuadro, con Boris que, con la plaza abarrotada, se deja convencer por los ruegos del pueblo. La brillantez de la descripción musical en el acto de la coronación es de una potencia increíble. Las constantes repeticiones de un pensamiento musical se elevan hasta convertirse en una dominante. El magistral tema de las campanas, con su poderosa expresividad rítmica, culmina en una arrolladora explosión de sonidos. Boris Godunov es la única ópera que Mussorsgky pudo terminar personalmente. Se representada frecuentemente, especialmente la versión que realizó Nikolai Rimsky-Korsakov, quien realizó también otras modificaciones de diversas obras de Mussorsgky. Pero más recientemente se ha vuelto ha representar la versión original, ya que tiene una mayor crudeza que pone de relieve con mucho más vigor ese drama musical.  Además, Rimsky mutila los dos cuadros finales, perdiendo así drama popular, teniendo en cuenta que el pueblo ruso es, de hecho, el personaje principal. Música para el pueblo. También Rimsky  hizo una “revisión” de Una noche en el monte pelado, que es la más interpretada incluso en Rusia. Sin embargo, cuando se escucha la versión original – ver Filarmónica de Berlín, con Claudio Abbado –, el impacto es compulsivo y salvaje, mucho más auténtico a pesar de las “deficiencias” de la orquestación.

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Escena de Borís Godunov

 

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