Shostakóvich

Dmitri Shostakóvich (1906-1975), el último gran compositor ruso, cierra un episodio inigualable. Prokófiev fue al mismo tiempo que compositor un célebre pianista, lo que le permitió llevar a cabo una carrera en el extranjero, al tiempo que se difundía su obra compositiva. Shostakóvich, en cambio, permaneció siempre en Rusia, exceptuando un viaje a Estados Unidos, que comentaré más adelante. Ambos sufrieron lo indecible con el régimen de Stalin. Prokófiev, lo padeció cuando ya era maduro, mientras que Shostakóvich lo vivió ya desde pequeño. La década de 1930 fue fatídica para ambos. Ya en 1932 Shostakóvich sabía de detenciones de muchos colegas y amigos. Poetas como Daniil Charms y Alexander Vvedenskij, o artistas judíos, como Borís Erbtein y Salomon Gersov. Pero fue en 1934 cuando Stalin realizó durísimos golpes sobre Leningrado, con detenciones en masa y fusilamientos. El diario secreto de la ciudadana leningradense Ljubov Saporina, del círculo de Shostakóvich, dejó escritas las siguientes palabras: “Todas estas condenas son inexpicables. No son para nada justificadas. Son irreversibles como una calamidad natural. Cada noche antes de dormir preparo todo lo indispensable en caso de arresto. Somos todos culpables sin culpa. Si no te fusilan y no te mandan al exilio puedes dar las gracias por ser afortunada”.

Shostakóvich vivía en una tensión nerviosa constante. Fumaba de manera compulsiva y sus tics nerviosos formaban parte de su estado de ansiedad. También de Shostakóvich se comenta que tenía la costumbre de tener una maleta preparada por si se producía una detención. Mientras que a Lenin nada le importaba, ni la música ni la literatura, Stalin, el perverso Stalin, sentía un gran interés por la música. Y seguía de cerca el estreno de obras sinfónicas, así como la ópera. Leía mucha literatura con un lápiz en la mano, apuntando comentarios en los márgenes. También le gustaba la música popular, en especial los cantos de su Georgia natal. Conocía a todos los cantantes y le gustaba escuchar a los mejores solistas instrumentales, como Emil Gilels, David Oistrakh, Sviatoslav Richter y Mstislav Rostropovich. Y fue Stalin quien, en 1933, fundó los concursos en toda la Unión de solistas instrumentales. Pero Stalin tenía la obsesión de establecer una nueva
“moral soviética” y aquí es donde comenzó un torbellino de acusaciones y constantes injusticias. Shostakóvich estaba siempre en su punto de mira, hecho que provocó una tensión constante al pobre gran compositor.

LA CONFERENCIA DE PAZ DE NUEVA YORK
Shostakóvich había escrito ya nueve sinfonías, y era el compositor ruso en activo más importante, cuando ocurrió un hecho inesperado. Un día del mes de marzo de 1949 sonó el teléfono del músico. Llamaba el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Vjaceslav Molotov, el número dos de la URSS, para decirle de tomar parte en una delegación de alto nivel para viajar a Nueva York y participar en un congreso que llevaba por título “Lucha por la paz”. Shostakóvich se negó y le dijo que su salud no era buena. Era verdad. Pocos días después recibiría otra llamada en la que una voz le pedía que esperase un momento al teléfono, en seguida hablaría con el compañero Stalin. Éste le dijo al músico porqué no aceptaba una misión de tanta responsabilidad, a lo que Shostakóvich le contestó que tenía náuseas. La reacción de  Stalin fue que le explicara el motivo de sus náuseas y le dijo que urgentemente le harían un análisis. Del hospital del gobierno Kremlevka fue llamado un equipo de médicos que efectivamente confirmaron que Shostakóvich no estaba bien de salud. Pero el secretario de Stalin sin mencionar el informe, comunicó a Shostakóvich que tenía que marchar a América y que no se tenía que discutir el asunto. Era una orden. Se tenían que interpretar obras precisamente de los compositores “prohibidos” del momento: Prokófiev, Katchaturian, Sebalin, Miaskowski, Glazunov y otros. El 14 de febrero de 1948 se levantó la orden de prohibición de obras de estos compositores. La nueva orden estaba firmada por el mismo Stalin.

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EL WALDFORD-ASTORIA HOTEL
Bajo el sobrenombre de “Waldford Conference”, del 25 al 27 de marzo tomaron parte cerca de tres mil delegados, la mayoría estadounidenses de perfil progresista y de izquierdas, junto al ex vicepresidente y candidato a las elecciones de 1948, Henry Wallace. La delegación soviética estaba formada por los escritores Alexander Fadeev y Petr Pavlenko, los cineastas Sergei Guerasimov y Michael Ciaureli. Todos ellos Premio Stalin, pero desconocidos en América. El único conocido era Shostakóvich, que fue recibido entusiásticamente. Era ya muy conocido por el público norteamericano a través de su Quinta Sinfonía y en especial por sus Conciertos de violín y piano. Pero pasó un momento sumamente penoso que siempre recordó con miedo y repulsión. Ocurrió que el compositor era el portavoz de la ideología comunista y de la música soviética. Recordamos que Shostakóvich tenía un carácter nervioso, inquieto y hablaba con mucha tensión. El público americano estaba compuesto por personalidades como Arthur Miller, Norman Mailer, Lilian Hellman, Leonard Bernstein y el crítico musical del “New York Times”. El discurso de Shostakvich hizo sufrir a los asistentes por el tono entrecortado y poco claro. Vladimir Nobokov que era su intérprete estadounidense se levantó para hacer una pregunta a Shostakvich sobre los ataques que el rotativo “Pravda” hizo contra la música de compositores occidentales como Stravinski, Schoenberg y Hindemith. Shostakóvich se levantó y micrófono en mano con la mirada baja y un tono poco convencido dijo “Si, estoy plenamente de acuerdo con el “Pravda”. Ello provocó una enorme tristeza ante el público que vio como Shostakóvich tuvo que mentir y humillarse solo para contentar a Stalin. El sabía que en caso contrario su vida hubiera podido correr un grave peligro. La dureza al máximo.

Cuando murió Stalin, el mismo día que Prokófiev, Shostakóvich tuvo un profundo alivio pero no euforia. Si en cambio le afectó y mucho la muerte de Prokófiev, a solo dos meses de su 62 aniversario. La relación entre los dos compositores era un tanto especial, a veces incluso tensa. Más por parte de Prokofiev, debido a su poca amabilidad con Shostakóvich. Pero éste acudió a su entierro y se mostró muy emocionado. Besó la mano de Prokofiev y dijo: “Me siento orgulloso de haber vivido y trabajado al lado de un músico tan grande”. Shostakóvich sabía por su propia piel que su amigo murió humillado y destrozado, un sentimiento familiar para él.

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Shostakóvich, entre Prokófiev y Khatchaturian

Poco después también moriría Mihail Zoscenko, uno de sus escritores preferidos, que fue sepultado a toda prisa. Zoscenko comentaba a sus amigos que “un escritor con el alma terrorizada ya no es un escritor”. Son incontables los crímenes de Stalin contra escritores, músicos y poetas, pedagogos etc. Pero Shostakóvich por suerte no se amilanó. A pesar de su carácter un tanto especial siempre demostró un altruismo fuera de duda. Ya cuando solo tenía 27 años e ingresó en la reciente Asociación de Compositores creada en Leningrado fue nombrado primer secretario de la entidad. A su cargo estaban más de 500 compositores y musicólogos. Shostakóvich tenía su carácter pero era una persona que no dudaba, en caso de ayuda. Su labor, sea desde la asociación como más delante de manera privada, luchó para ayudar a personas acusadas injustamente y a otras por calamidades familiares, ya fuera proporcionando medicamentos como resolviendo todo tipo de miserias humanas. Es sabido que en su domicilio era frecuente encontrar largas colas de individuos con el fin de encontrar ayuda o cuanto menos consuelo.

A partir del año 1950 su catálogo siguió adelante con fuerza renovada. Compondrá otras tres sinfonías (1953-60 y 62), dos conciertos para violonchelo y orquesta (1959 y 1966), siete cuartetos de cuerda de un total de quince, Preludios y Fugas para piano y su poema vocal-sinfónico La ejecución de Stepan Razin de 1964. Pero en 1966 su corazón comenzó a fallar. Tuvo un primer infarto. Movía los brazos y las piernas con dificultad y pasava largas temporadas en el hospital. Se le prohibió fumar y beber alcohol, lo que le provocó una mayor angustia. Su deterioro físico era cada vez más deforme. Faltaban todavía dos ciclos de canciones, que compuso en 1973, sobre textos de la poeta Marina Tsvietaieva.

El día 14 de agosto de 1975 se celebró el funeral de Shostakóvich, cuya música era el ejemplo del sobrevivir creativo con un período cruel.

 

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