Museo del Hermitage

¿Se cumplirá el sueño que día tras día invadía el espíritu de nuestro Jorge Wagensberg, una sede del Museo del Hermitage en Barcelona? Sobran los motivos para que así sea, ya que el legado del inequiparable museo ruso sería un gran paso de oferta cultural para nuestra Barcelona.

Vayamos a su historia con lo más esencial. El Museo del Hermitage nace oficialmente el año 1764, cuando la emperatriz Catalina II La Grande llega al poder y decide instalarse en el Palacio de Invierno. El gran complejo arquitectónico consta de varios edificios unidos a este palacio, residencia principal de los zares rusos. Fue diseñado por el arquitecto italiano Francesco Bartolomeo Rastrelli y construido entre 1754 y 1762. Junto al Palacio de Invierno, colocado en el centro,  hay a su lado el Pequeño Hermitage, construido de 1765 a 1769. Ya en tiempos de Caterina II, el Teatro del Hermitage (1783-1787) y el nuevo Hermitage (1841-1842).

Catalina II de Rusia

Catalina II de Rusia

El nombre de Hermitage proviene de cuando Caterina II hizo construir su “Pequeño Hermitage”, para su vida privada. Hermitage, és una palabra de origen francés que quiere decir ermita, es decir lugar de reflexión. Todo el conjunto del Hermitage tiene una extensión de unos 2 kilómetros y su altura es de unos 22 metros. Su forma es rectangular y su ubicación es espectacular, junto al bellísimo río Neva. El Museo del Hermitage es el complejo cultural más grande de Rusia y el que recibe mayor número de visitantes. Cerca de 3 millones al año. Luego le siguen el Museo del Kremlin de Moscú, la Galería Tretiakov también de Moscú, etc.

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LA COLECCIÓN
La colección del Hermitage posee unos 3 millones de obras de arte. Desde la Edad de Piedra hasta el siglo XX. Ocupa los cinco edificios situados a las orillas del
Neva. Hasta mediados del siglo XIX, el Museo era un lugar reservado para la élite. Pero a partir de Nicolás I, concretamente a partir de 1852, el Museo pasó a ser público. La colección del Hermitage abarca una temàtica enormemente amplia, entre pintura, escultura, muebles, numismática, armas, joyería, cristalería, tapices, vajillas, porcelana… Todo un arsenal, gran parte de él procedente de Europa y casi toda Asia, además del gran abanico de la cultura rusa.

Hacia finales del reinado de Catalina II, la colección del Hermitage contaba con 3.000 cuadros, 7.000 dibujos, más de 70.000 grabados y 10.000 piedras talladas, que
eran la principal afición de Catalina. En 1764 compró toda una colección de 225 cuadros de pintura holandesa y flamenca en Berlín, mientras diplomáticos rusos ubicados en Europa eran los encargados de adquirir todo tipo de objetos, desde cuadros hasta joyas, libros y documentos con destino al Palacio de Invierno. En 1769 adquirió la colección del conde Heinrich vn Brühl, con obras de
Rubens y Rembrandt. En 1772, la del barón Pierre Crozat, con obras de Rafaello, Rubens y van Dyck, En 1781, la del conde de Baudouin, con autores holandeses, flamencos y franceses. Y en 1787, una importante colección de escultura, perteneciente a John Lyde-Brown, director de un Banco británico, que contenía 300 esculturas romanas,griegas y renacentistas. Todo ello por iniciativa por Catalina II, además de ocuparse del complejo arquitectónico que forma el actual Hermitage. Luego se fue enriqueciendo gracias a Nicolás I, y después al zar Alejandro I, hasta el final de la época de los zares, con Nicolás II.

ALEJANDRO I
Cuando el zar entró con sus tropas en el año 1815 en París, realizó una de las compras más espectaculares: la colección privada de la emperatriz Josefina, que contenía pintura y esculturas. Fue a su muerte que Alejandro dejó a sus herederos 38 cuadros de gran importancia: varios de ellos eran de Rubens y de Rembrandt, así como esculturas de Antonio Canova. El año 1837 fue nefasto para el Hermitage. Gran parte del Palacio de Invierno fue pasto de las llamas, pero se logró desmontar las conexiones con el Pequeño Hermitage para evitar mayores males. Más tarde, en 1850, se adquirió la colección del Palacio de Cristoforo Barbarigo, donde albergaba cuadros de Tiziano, y en 1865 se compró la Madonna Litta de Leonardo da Vinci. Luego, en 1870 y a un alto precio se compró al Gobierno Italiano La Virgen y el Niño de Raffaello. Las compras no cesaron y el Museo se fue enriqueciendo paulatinamente.

Madonna Litta, de Leonardo

Madonna Litta, de Leonardo da Vinci

EL SIGLO XX
En el año 1904, el Palacio de Invierno deja de ser la residencia imperial y, cuando se declara la Primera Guerra Mundial, el museo se convierte en un hospital,  mientras las colecciones se trasladan a Moscú por cuestions de seguridad. No volvieron hasta 1924. Pero en 1941, con la entrada de las tropas alemanas en Rusia, de nuevo se produjo otra evacuación de las obras del Hermitage, y se mandaron en tren en la localidad de Sverdlovsk, en los montes Urales. Tras el final de la terrible contienda, el Museo abrirá de nuevo las puertas al público, y en 1948 recibirá del Museo de Arte Contemporáneo Occidental de Moscú, más de 300 obras importantísimas: cuadros del siglo XIX y XX de grandes impresionistas. Entre ellos Renoir, Matisse, Monet, Van Gogh, Gauguin, y también de Pablo Picasso. Es importante subrayar que, en los inmensos sótanos del Museo, hay cientos y cientos de obras, todavía pendientes de clasificar o restaurar. Y precisamente es en los sótanos donde tenemos algo muy curioso para contar: la presencia de numerosos gatos.

LOS GATOS DEL HERMITAGE
Me place cerrar esta breve historia cultural de Rusia hablando de gatos, ya que a nuestro Jorge le gustaban mucho. Influido por su gran amiga Alicia, que fue una persona que amaba los animales de manera poco frecuente, recuerdo que Jorge siguió sus pasos en el mismo Museo de Cosmocaixa, en el que se podían observar gatitos por los jardines. Los abrazaba con ternura. Y los gatos del Hermitage tienen historia. Cada año, en Primavera, se celebra el Dia del Gato, costumbre que viene desde 1999. Pero, ¿Por qué gatos? Resulta que la emperatriz Isabel I fue la que dictó un decreto para obtener “los mejores y más grandes gatos”, debido a la invasión de ratas y ratones que circulaban por el Museo. La finalidad era integrar un gran equipo de gatos para eliminar a los roedores. Poco después, cuando Catalina la Grande se hizo cargo del Museo, en el año 1764, convirtió a los gatos en guardias oficiales. La costumbre no se perdió y, como decía, desde 1999 se celebra una gran fiesta en honor a los gatos cada año. Allí se pueden comprar o vender felinos enmedio de un día feliz y de reconocimiento hacia los gatos.

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