¿Los directores, son secuestradores?

Estos días estoy inmerso en el tema de las mujeres compositoras. Son decenas y decenas que viven en un lugar secreto. Sencillamente, no están. Resulta realmente muy curioso lo que ocurre. Pocas, poquísimas, son divulgadas en el día de hoy, pero si que son conocidas a través de internet. Si hasta antes de la llegada de internet, eran personajes totalmente ignorados, con internet sus nombres existen, están, y muy bien representados. De entrada, todas las compositoras tienen su artículo en la Wikipedia. Son entradas relacionadas con su vida y además incluyen grabaciones. Hay un montón, de todo tipo y de buena calidad. Muchas son a cargo de orquestas de prestigio o solistas renombrados. Ha sido, pues, una grata sorpresa.

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Lili Boulanger

Querría recordar en este punto la desafortunada frase que dijo una vez el director de orquesta británico Sir Thomas Beecham: “No hay mujeres compositoras, no las ha habido nunca y nunca las habrá”. Parece que muchos directores de orquesta han seguido al pie de la letra lo que dijo este impostor. La mujer no es apta para componer, solo es válida para la música del pasado compuesta por hombres. Y así ha sido. Directores y organizadores de conciertos solo apuestan por cierto repertorio masculino, dejando fuera a mujeres e intrusos en general. De esta manera, tenemos directores que actúan como repetidores, con el beneplácito de los músicos de las orquestas, que no les gusta demasiado, en general, enfrentarse con una obra nueva. El repertorio de siempre les permite tocar con las piernas separadas y mirar la particella solo de vez en cuando. A por la obra trillada, que sabemos de memoria. ¡Fuera novedades! Conclusión: ni mujeres compositoras, ni autores desconocidos.

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Elizabeth Maconchy

SECUESTRADORES
Esta palabra es válida para definir a una gran parte de los directores de orquesta de la actualidad. No todos, naturalmente, ya que siempre hay excepciones. Pero la mayoría van a lo suyo, que es secuestrar e impedir que a nadie se le ocurra entrar en su terreno. Ellos son “el jefe” y los músicos sus vasallos. Es el director quien debe hacer su gloriosa carrera e interpretar todo lo posible el sinfonismo histórico. Lo demás, para otro día. Y la repetición se ha hecho dueña de las salas de concierto. Y los demás, ¿donde están? Los demás no están. La tierra se los ha tragado Y entonces ¿qué?, se preguntaron las mujeres. Pues haremos música de cámara, en la que no hay hombres malos. Y así lo hicieron las compositoras de buen parte del siglo XX, que decidieron escribir obras sin director, es decir música de cámara.

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Doreen Carwithen