Mabel Wheeler Daniels (1877-1971)

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Compositora, directora y maestra estadounidense. Nacida en Massachusetts, sus padres eran músicos aficionados pero excelentes cantantes de la Sociedad Haendel y Haydn, en Boston. Estudió con George Whitefield en el Radcliffe College. Luego se traslada a Alemania para trabajar con Ludwig Thuille, en Munich. A su vuelta en los Estados Unidos, será directora del Simmons College hasta el año 1918. Recibió títulos honorarios de la Universidad de Boston y de la Universidad de Tuifts.

Mabel, como jefa de programas en el Simmons College, estableció distintos premios, además de recoger fondos para estudiantes de composición.

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De su obra, destaca su obra sinfónico-coral The Desolate City op. 21 (1913), que realizó en la Colonia de Mac Dowellen, New Hampshire. Fueron hasta 24 los veranos en los que llegó a acudir a este lugar tan querido por ella.

Otra obra importante son las Eight Descriptive Pieces op. 20, que fue interpretada de 1923 y 1933 de manera consecutiva. Más adelante, en 1939, sonaría también en el Carnegie Hall. En esta composición, Mabel Wheeler Daniels se inmersa en la naturaleza, concretamente en el canto de los pájaros, que en primavera escuchaba durante el alba en las altitudes de las montañas de Sierra Madre, en California. Sus ocho movimientos son una buena muestra de su versatilidad pianística. De esta obra existe una grabación del sello Columbia, a cargo del gran pianista polaco Josef Hoffman.

En  Radcliffe escribe también Exultate Deo y A Psalm of Praise. Escribió, además, para voz diversas canciones; y una sonata para violín y piano. De su producción pianística, destacaría, a parte de las Eight Descriptive Pieces, los 5 Poemas de Tono op. 7, las 7 Piezas para piano op. 8, la Grande Sonata serieuse en fa menor op. 14, las Tres piezas de fantasía  op. 30 y Feulle d’album (Hoja de álbum) op. 29.

Referencia: Mabel Weeler Daniels, de David Mason Greene. Diccionario. Garden City, New York, 1985.



Amy Beach (1867-1944)

Fue una distingida compositora y pianista nacida en Henniker, New Hampshire (Estados Unidos). Su madre era una buena pianista y cantante, así como también su abuela, que cantaba en el coro de la iglesia. De muy pequeña ya daba muestras de un talento hacia la música. Le gustaba cantar e improvisar. A los cuatro años componía valses y fue a los seis cuando comenzó formalmente a estudiar piano con su madre. Se sintió atraída por la obra de Bach, en especial por las fugas, pero su autor favorito era Beethoven. Un recital en Boston llamó la atención de críticos y managers pero su madre, con buen criterio, se opuso a que diera más recitales.

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En 1875 la familia se mudó a Chelsea, un suburbio de Boston. Allí se puso en manos de dos buenos pianistas: Ernst Perabo y Carls Baersmann. Luego realizó los estudios de armonía y contrapunto con Junius W. Hill. En el año 1883 hizo su debut en Boston, interpretando el Concierto para piano y orquesta nº2 de Ignaz Moscheles y, poco después, aparecería como solista con la prestigiosa Sinfónica de Boston. En 1885 contraerá matrimonio con el doctor Henry Harris Beach, un cirujano muy conocido que había quedado viudo y que no quiso que su mujer realizara más conciertos, aunque sí la animó en la composición. Entre sus obras más relevantes, figuran dos conciertos para piano, la Primera Sinfonía “Gaélica” -que fue la primera sinfonía interpretada de una autora americana-, Eilende Wolken, Tema con variaciones para flauta y cuarteto de cuerda y Cabildo (su primera ópera, de 1932).

Entre sus obras destaco especialmente el Concierto para piano y orquesta op. 45, una composición de peso, escrita magistralmente. Su temática, apasionada y tan bien moldeada con la parte orquestal, la convierten en un concierto muy válido, que el público agradecería. Pero no, no se interpreta. Otras dos obras maravillosas son la suite para piano Children’s Carnival op. 25, extraordinaria pantomima, bien conocida en Estados Unidos, a la que hay que añadir otra obra preciosa, realmente hermosa: la Romanza para violín y piano op. 23, que escribió en su día para la gran violinista norteamericana Maud Powell. Es una pieza única. Muy sentida.

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Amy falleció el 27 de diciembre de 1944 en Nueva York y lamentablemente su obra fue olvidada hasta la década de los noventa, cuando un grupo de mujeres rescató buena parte de su obra. Como siempre, lamentable. A nivel mundial, sin embargo, sigue siendo todavía un nombre desconocido.



Laura Valborg Aulin (1860-1928)

Compositora y pianista sueca nacida en la localidad de Gävle. Su Cuarteto de cuerda en mi menor op. 17 y el Cuarteto en fa menor están considerados como dos grandes ejemplos de la música de cámara sueca desde la década de 1880.

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Laura Valborg era hija de dos personajes que brillaron por su vinculación a la música. Su padre, un gran experto en los clásicos griegos, era también un aficionado entusiasta de la música de cámara. Su madre era una prometedora soprano pero su salud no le permitió realizar una carrera profesional.

Laura Valborg comenzó en la música de mano de su abuela, para luego seguir con Hilda Thegerström. Tiempo después, cuando el prestigioso compositor y director de orquesta Albert Robenson la escuchó, la hizo ingresar en el Royal College of Music de Estocolmo, para trabajar con Herman Behrens y Ludvig Norman. Tras un viaje a Copenhagen, marcha a París en 1887, para perfeccionarse junto con Jules Massenet, Ernest Guiraud y Benjamin Godard. De vuelta a Suecia, en Estocolmo se encuentra en un ambiente poco agradable y difícil por ser mujer. Decide entonces marcharse e instalarse en Ôrebro, a 125 millas de Estocolmo. Allí trabajará como maestra, organista y pianista, además de organizar conciertos.

En su catalogo de obras, además de los dos cuartetos ya mencionados, compuso numerosos lieder, además de piezas de piano y música para órgano. También Tableaux Parisiens, para orquesta; Pie Jesu Domine, para coro y orquesta y Procul este, para voz solista, coro y orquesta de cuerda.

A partir de 1904, ante la falta de apoyo y la muerte del compositor Ludvig Norman, dejó gradualmente tanto de tocar como de componer. Moriría años después, prácticamente olvidada, dejando obras de gran calado. Una gran compositora.



Cécile Chaminade (1857-1944)

De vuelta y siguiendo con las mujeres compositoras, cuyo nivel será sorprendente para muchos. Para la mayoría. Nombres desconocidos, que compusieron con gran maestría pero que fueron discriminadas por una sociedad machista e irrespetuosa. Que en el dia de hoy se ignoren todavía a las compositoras a las que he dedicado un espacio en este blog, más las que vendrán a partir de ahora, me parece algo que nunca entenderé. Ellas no existen. Y no existen para muchos empezando ya por los intérpretes a los que se suman los programadores e incluso musicólogos, que por costumbre han minimizado el trabajo arduo, incesante, en muchas de ellas, tan importante como lo mejor de los grandes compositores. He escuchado ya mucho y debo decir que siento una gran alegría ante una obra memorable, pero a la vez un gran desengaño y tristeza de su indiferencia hacia ella.

El de Cécile Chaminade es un caso muy particular. En Francia, y en general en Europa, es bien conocida en especial por su repertorio pianístico. Desde hace años que su obra para piano se imparte en el Conservatorio de París y la mayoría de pianistas franceses la tienen como repertorio habitual. Otra tema, bien diferente, es el de la música orquestal.

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Cécile recibe sus primeres lecciones de piano de la mano de su madre, que fue pianista y cantante. Sin embargo, su padre se opuso a que ingresara en el Conservatorio de París y tuvo que estudiar privadamente, aunque con buenos maestros: Savart, Félix Le Couppey y Benjamin Godard. A los 8 años ya componia pequeñas piezas religioses y a los 18 ofrecía su primer concierto. Es importante subrayar que el gran compositor Georges Bizet la apodó como la “pequeña Mozart”. Su música, fresca e inspirada, supone una importante aportación al repertorio francès de entre siglos.

Su carrera se inició, pues, en Francia pero donde conseguiría renombre internacional sería en Inglaterra, país en el que actuaría regularmente. En el año 1892, incluso sería recibida por la Reina Victoria. Luego también adquirió renombre en los Estados Unidos, donde recorrió doce ciudades desde Boston a Sant Louis. En 1901, se casó con Louis Mathieu Carbonel, editor de Marsella, que murió en 1907. A partir de ese momento, sus apariciones públicas empiezan a decaer. En 1925, tras sufrir la amputación de un pie, se retira definitivamente de la escena musical y vivirá en Montecarlo hasta su fallecimiento.

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LA OBRA
A principios de 1880 escribirá su primer Trio con piano, el opus 11, muy bien acogido por el público. Sus incursiones en el terreno orquestal también empezarán temprano. Así, un año después, en 1881, escribirá su Suite orquestal, opus 20. Más adelante vendrán la Sinfonía Lírica Las Amazonas, de 1888; y su Concertstück, para piano y orquesta, estrenada en Amberes ese mismo año.

A partir de 1890 Cécile Chaminade compone casi exclusivamente melodías, a excepción de su Concertino para piano, encargado por el Conservatorio de París en 1902. Sus piezas para piano gozan de gran popularidad. Estan escritas en un estilo más bien romántico. Destacan, además de las piezas breves, otras obras como su Estudio sinfónico op. 28, los Seis estudios de concierto op. 35, la Arabesque op. 61 o las Seis romanzas sin palabras op. 76.



Ethel Smyth (1858-1944)

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Llegamos a la británica Ethel Smyth, figura determinante de las mujeres compositoras. En Inglaterra es figura idolatrada y su música se programa frecuentemente. Nacida en Londres, fue una mujer temperamental, rebelde y genial. No era solo compositora sino también una verdadera defensora sobre los derechos humanos, por el trato que recibían las mujeres. Ethel Smyth fue una de las impulsoras de la Unión Social y Política de Mujeres (Women’s Social and Political Union, WSPU), una organización militante sufragista, formada por mujeres todas ellas activistas. Su líder era Emmeline Pankhurst. La implicación de Ethen con el grupo incluía actos de desobediencia civil, como uno que se convirtió en un escándalo. Ocurrió el año 1910, cuando participó en la rotura de cristales, a pedradas, de las casas de los políticos anti-sufragistas. El escándalo fue mayúsculo y supuso la encarcelación de 108 mujeres, entre las cuales había Ethel Smyth, que tuvo que cumplir dos meses de cárcel. Como consecuencia de este hecho, escribió la obra sinfónica Songs of Sunrise, cuyo cuarto movimiento –The March of the Women– se convertiría en el himno del movimiento sufragista. Se estrenó en 1911, con todos los honores, en versión de la London Symphony Orchestra y el Chrystal Palace Choir, bajo la dirección de la misma Ethel Smyth.

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SU VIDA

Ethel Smyth provenía de una familia militar. Era la cuarta de ocho hermanos. Su padre tenía un cargo elevado en las fuerzas armadas británicas y se opuso firmemente a que Ethel se dedicara a la música. Sin embargo, en 1877, Ethel decidió marchar a Leipzig para ingresar en el Conservatorio de dicha ciudad. Estuvo poco tiempo en la conocida institución debido a lo que ella consideraba un ambiente desfavorable. Pero no abandonaría Leipzig y así prosiguió sus estudios con el profesor Heinrich von Herzogenberg, con el que aprendería armonía, contrapunto y orquestación. Los 10 años que residió en Leipzig le permitieron conocer a grandes compositores, como Brahms, Grieg y Dvorak.

De regreso a Inglaterra, en 1890 se instaló en Londres. Debutó en esta ciudad con diversas obras orquestales, estrenando las oberturas Serenade y Anthony and Cleopatra en el Crystal Palace, donde obtuvo un gran éxito, a pesar de la sorpresa que supuso que la autora fuera una mujer.

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Tres años más tarde, en 1893, estrenará la que será su gran obra: la Misa en Re. Fue en el Royal Albert Hall y dedicó la composición a su amiga y devota Pauline Trevelyan. La Misa de Ethel Smyth es conmovedora y escrita con un oficio total. Dominio de las voces, de la forma, del relato orquestal, siempre eficaz. Es una obra maravillosa, que coloca a la compositora en el rango más alto de la composición.

El año anterior, 1892, había iniciado su etapa como compositora de óperas. Escribió seis. De todas ellas, destacan The Weckers, escrita entre 1902 y 1904 y estrenada en Leipzig. También su ópera más feminista, The Boatswain’s Mate, influenciada por el movimiento sufragista y compuesta entre los años 1913 y 1914. La última fue Entente Cordiale, escrita entre 1921 y 1922.

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Destaca y mucho también su obra sinfónica con solistas: el Concierto para violín, trompa y orquesta, escrito en 1927. Una obra bellísima y única, por la unión de dos instrumentos que raramente actúan juntos como solistas. Otra composición de grandes dimensiones fue The Prison, para coro y orquesta, compuesta entre 1929 y 1930, a partir de un texto metafísico de Harry Brewster.

Ethel Smyth tiene además obras de cámara preciosas. Por ejemplo, los dos Cuartetos, en re menor y do menor. El Quinteto de cuerda en do menor. Dos sonatas, una para violín y piano, y la otra para violonchelo y piano. Un Trío de cuerda en Re Mayor, y dos tríos más, para piano, violín y oboé, de 1914 y 1927, respectivamente.

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Ethel Smyth fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Oxford y por la Universidad de St. Andrews, además de Dama Comandant de la Orden del Imperio Británico.

Con ella termino esta primera serie de artículos sobre compositoras. Se desprende a lo largo de todas ellas un patrimonio inmenso, olvidado y maltratado. A partir de Ethel Smyth, hay todavía mucho camino por recorrer, ya que son muchas las mujeres que han dedicado su vida a la composición. Intentaré insertar las más conocidas y pido perdón por alguna omisión que pueda haber. En septiembre continuaremos con nuevos artículos, ya con compositoras nacidas entre los años 1860 y 1930.





Luise Adolpha Le Beau (1850-1927)

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Considerada por el rotativo Berliner Neueste Nachrichten como “la compositora más talentosa de su tiempo”. Esta pianista y compositora alemana nació en la ciudad de Rastatt, en el ducado de Baden. Su padre era militar pero también un buen músico. Fue el quien ilustró a su hija ya de muy pequeña. A los 8 años, Luise compuso su primera pieza y enseguida estudio con musicos locales canto, piano y composición. A los 18 años hará su debut con la Baden Court Orchestra, interpretando el Concierto en sol menor de Mendelssohn. Luego seguiría una larga carrera como pianista y también como compositora, permitiéndole entrar en contacto con grandes figuras del siglo XIX, como Franz Liszt o Johannes Brahms.

Su vida se desarrolló en tres etapas: Múnich, Berlín y Baden-Baden. En Múnich fue aceptada por el profesor Josef Rheinberger. Allí estuvo más de 10 años y compuso varias de sus mejores partituras. Ademas creará un Curso Privado de Piano y Teoría para hijas de gente culta. La siguiente ciudad donde vivió fue en Berlín, donde residió entre 1890 y 1893. Fue un período bastante duro. No le fue fácil acceder a un rango académico como compositora ni como profesora, dentro del sistema prusiano, basado en ideas muy rígidas. Finalmente, se establecerá en Baden-Baden. Allí participará activamente en conciertos de cámara, formando su propio círculo. Obras como Ruth, Hadumoth o su poema sinfónico Hohenbaden se interpretarán con frecuencia. En 1896, morirían sus padres, lo que significaría un duro contratiempo.

Su catalogo contiene lieder, corales, oratorios, obras para piano, sonatas, tríos, cuartetos e incluso ópera.




Augusta Holmès (1847-1903)

Sorprendente compositora de origen irlandés, però nacida y afincada en París. Niña prodigio actuaba en publico con tan solo 5 años, ofreciendo pequeños recitales con algunas obritas suyas. Era hija del capitán Dalkeith Holmes, que se instaló en Paris en 1820. Era el año 1862 cuando permitió a su hija Augusta editar obras suyas bajo el seudónimo de “Hermann Zenta”. En París estudió con Henri Lambert y fue alumna predilecta de Cesar Franck.

Augusta Holmès fue una mujer temperamental, aunque también romántica e imaginativa. Se convirtió en un revulsivo en la ciudad de París y su obra sinfónica fue acogida con mucho entusiasmo a finales del siglo XIX. Fruto de las enseñanzas con Cesar Franck, destacó con su sinfonia Orlando furioso (1877) y poco más tarde con su obra también sinfónica Los Argonautas (1881), estrenada por la Orquesta Pasdeloup. Después vino un poema sinfónico titulado Irlande, que atrajo la simpatia de éste país. Otra sinfonía patriótica fue Pologne, estrenada en los Conciertos Populares del año 1883. En 1884, publicaría su ciclo de canciones Les sept Ivresses y en 1888 fue muy bien recibida también su ópera Ludus Pro Patria, en los Conciertos del Conservatorio. Sin embargo, ésta sería superada por el éxito de Ode Triomphale, realizada para coro y orquesta, y presentada en la Exposición de París de 1889. Un año más tarde, en 1890 escribirá Hymne a la Paix, para la Exposición de Florencia. Pero todavía quedaba la ópera en cuatro actos La Montagne Noire, que se estrenó con gran éxito en la Gran Opera de Paris el 8 de febrero de 1895.

Augusta Holmès murió en Versalles el 28 de enero de 1903 y al año siguiente se descubrió un monumento a su memoria: una musa llorando representada con una lira.