Eugen d’Albert (1864-1932)

Del gran pianista y pedagogo Karl Czerny (1799-1857), discípulo de Beethoven, salieron dos discípulos extraordinarios: Franz Liszt y Theodor Leschetizki. Ellos fueron los fundadores de dos grandes escuelas pianísticas, que dominaron Europa varias décadas. De Liszt procedían Sauer, Siloti, Rachmaninof, Kempff, etc. Y de Leschetizki: Brailowski, Schnabel, Lhevine y Moiseiwitsch.

El segundo pianista que he elegido para esta série de grandes intérpretes históricos es Eugen d’Albert, discípulo de Liszt. Este pianista alemán, de origen escocés, nació en Glasgow y comenzó sus estudios en el Royal College de Londres. A los 16 años, debuta con el Concierto para piano y orquesta de Schumann, que dirigió Hans Richter en el Crystal Palace. Gana el Gran Premio Mendelssohn y se desplaza a Viena, donde residió casi diez años. Con Liszt estudiaría en Weimar, a partir del año 1882, y fue un especialista de Beethoven y Bach, realizando numerosas transcripciones al piano de este último . De Brahms, recibió recomendaciones acerca de la interpretación de sus obras. Fue además sucesor del violinista Joseph Joachim en la Musikhoschule de Berlín, a partir de 1907. D’Albert tuvo dos grandes discípulos: Edwin Fischer y Wilhelm Backhaus. Además se le considera uno de los últimos grandes pianistas románticos, junto a Busoni o Paderewski. Su carrera se desarrolló entre Austria y Alemania. Eugen d’Albert fue también un compositor reconocido. Escribió música para piano al estilo Brahms, de cámara, un excelente concierto de violonchelo y otro para piano -que él mismo estrenó con la Filarmónica de Viena-, y nada menos que 20 óperas, influenciadas por otro ídolo suyo como fue Wagner. Y lo más curioso es que su ópera más famosa -que lleva por título Tiefland esté basada sobre un libreto que Rudolph Lothar extrajo del drama del poeta catalán Ángel Guimerá Terra baixa. Una ópera representada en casi todos los teatros del mundo. D’Albert la escribió en 1896 y se representó por primera vez en Praga el mes de noviembre de 1903. La ópera posee un Intermezzo de gran inspiración, que se interpreta como pieza orquestal.

A D’Albert se le apodaba “El pequeño gigante”. Era bajito pero fuerte y temperamental. Liszt se sentía muy orgulloso de tenerlo como discípulo, elogiándolo en numerosas ocasiones. Los días mejores de D’Albert, sin embargo, fueron cuando Liszt ya no vivía. El pianista de Glasgow era uno de los mejores intérpretes de Beethoven. El director de orquesta Bruno Walter dijo en una ocasión que se sintió hinoptizado escuchando la “fuerza titànica” de D’Albert interpretando el Concierto del Emperador de Beethoven. Debutó en Nueva York el año 1889.

Eugen_d'Albert_1912_by_Pauline_Hamilton.jpg

Eugen d’Albert, en 1912

VIDA PERSONAL
Albert tuvo grandes amigos como fueron Richard Strauss, Hans Pfitzner, Engelbert Humperdinck, Ignatz Waghhalter o el dramaturgo Gerhart Hauptmann. Se casó seis veces y tuvo ocho hijos. Su segunda mujer fue la extraordinaria pianista, cantante y compositora venezolana Teresa Carreño, de la que hablaremos más adelante, ya que fue una verdadera celebridad. El año 1914 se mudó a Zurich y se convirtió en ciudadano suizo. Murió el año 1932 a los 67 años en Riga y fue enterrado en el cementerio de Lugano.

Por internet se encuentran varias grabaciones de D’Albert, pero es necesario ir con sumo cuidado ya que en los años que grabó estábamos todavía en fase muy rudimentaria. Intento conseguir las grabaciones más afortunadas dentro de las posibilidades. Pero la personalidad y el genio del pianista se perciben sobradamente.

Bibliografia:
Eugen D’Albert 1864-1932. La vita e le opere. Guido Molinari. Polimnia.
Wunderpianist und Komponist. Atalantis Musikbuch-Verlag. Charlotte Pangels.

Anuncis

Alexander Siloti (1863-1945)

Quizás un primer ejemplo correspondería al pianista polaco Ignacy Paderewski (1860-1941), que también se distinguió en la política. He considerado que este pianista no pertenece a la pléyade de intérpretes en busca de nuevos caminos, tanto de orden musical como técnico. Paderewski era un músico con carisma pero romántico en exceso, y su nivel técnico era discutible.

Y comienzo con Alexander Siloti nacido tres años más tarde, una figura importantísima en todos los aspectos. De origen ucraniano y primo de Serguei Rachmaninov estudió composición con Sergei Taneiev, armonía con Chaikowsky y piano con Nikolai Zverev, el mismo maestro que tuvo Rachmaninov. También fue discípulo de Liszt en Weimar, entre 1883 y 1886. En 1887 volvió a Moscú donde fue profesor del Conservatorio.

En 1891 abandona Rusia y se dedica a ofrecer conciertos por Europa. Luego embarca a los Estados Unidos y actúa en varias ciudades, destacando Nueva York, Boston,
Cincinnati y Chicago. Siloti actuó de director de orquesta en el estreno mundial
del Segundo Concierto de su primo Serguei Rachmaninov. De 1901 a 1903 fue director de la Filarmónica de Moscú, y de 1903 a 1917 organizó en San Petersburgo los Conciertos Siloti, donde presentó a figuras importantes, entre las que se encontraba Pau Casals. Y también estrenó obras de autores del momento, como Debussy, Elgar, Sibelius y Schoenberg, además de los rusos Prokofiev, Scriabin, Stravinsky, Glazunov, etc. En 1918 es nombrado intendente del Teatro Marinski pero al año siguiente abandona la Unión Soviética para instalarse definitivamente en Nueva York, donde fue profesor en la Juilliard School. Murió en esta ciudad el 8 de diciembre de 1945.

Siloti amb Liszt.jpeg

Alexander Siloti junto a Franz Liszt

UNA PERSONALIDAD
Siloti era un hombre especial y simpático. En cuanto a sus discípulos, les recomendaba trabajar de manera interválica. No más de media hora seguida argumentando, que después de este tiempo se producía un cierto cansancio. Se explica que una hija suya le dijo una vez sobre esta cuestión: “Padre, yo estudio media hora y para nada me siento cansada”. A lo que el padre le contesta: “Tú no estudias, tú tocas”. Siloti adoraba a Liszt hasta el punto de creer que después de muerto podía seguir comunicándose con él. Se cuenta incluso que llegó a poner un plato en la mesa para que el espíritu de Liszt los acompañara y mantener comunicación con él. En cuanto a los hermanos Anton y Nikolai Rubinstein, comentaba que Anton era tan excepcional que a cualquier alumno le venían ganas de dejar de tocar el piano.

BIBLIOGRAFIA
Existen tres Fondos importantes de Alexander Siloti:
1. El “Archivo Siloti” de Stanford que depositó su alumno Charles Barber en el que hay numerosos documentos.
2. El de la Universidad de Maryland que contiene correspondencia, libros, cartas, partituras…y que donó su hija Kiriema Siloti.
3. “Cartas de Alexander Siloti” que se encuentra en los archivos de Peters en la ciudad de Leipzig.

GRABACIONES


Grandes pianistas

El concierto público de los instrumentistas como solistas y en recitales vino más o menos a finales del siglo XVIII y sobretodo ya durante los primeros 30 años del siglo XIX. Comenzó entonces lo que puede llamarse “concierto-espectáculo” y fue el checo Ignaz Moscheles (1794-1870) uno de los primeros. El concertista no se presentará ya como pianista-compositor sino como intérprete al servicio del compositor. Hacia el año 1840 se usaba el término “piano-recital” y Franz Liszt (1811-1886) fue también uno de los primeros en proporcionar espectáculo. Su período más intenso fue entre 1839 y 1847. El era el rey de este instrumento que interpretaba los Beethoven, Weber, Chopin, Schumann, Schubert y naturalmente sus propias obras. Fue un revulsivo como lo fue Paganini.

Liszt

Franz Liszt

Mi intención es referirme sobre pianistas del pasado, nacidos a partir de más o menos 1860, es decir los discípulos de Liszt, de los hermanos Anton (1830-1894) y Nicolás Rubinstein (1835-1880) y especialmente de Theodor Leschetizky (1830-1915). Ellos fueron los que alcanzaron un virtuosismo que admiramos todavía en el día de hoy y que fueron los precusores del período de oro del piano, pero también del violín y del violonchelo.

El piano ya llegó a la cumbre con los pianistas que precedieron a los míticos y sobradamente conocidos Horowitz, Arrau, Richter, Benedetti, Weissenberg, etc. Ellos son los que motivan este escrito y los que vendrán. Lo hago ya que se trata de nombres, la mayoría de ellos poco conocidos. El hecho de que lo fueran se debe
lógicamente a que en sus años la técnica de grabación era todavía muy primaria y no es fácil encontrar registros que den fe de como realmente se tocaba. Pero hay un buen número de grabaciones que han sido “salvadas” gracias a la eliminación de ruidos y una masterización rigurosa. Nunca será la calidad de cuando apareció el microsurco (hacia los años 50 del siglo XX), pero son documentos valiosísimos, ya que varios de ellos nos dan una muy buena percepción de como realmente interpretaba el solista elegido. Estamos hablando de grabaciones “históricas”.
En total serán entre 20 y 25 a los que me referiré y entre ellos destacan Siloti, D’Albert, Busoni y Godowsky, que serán los cuatro primeros en aparecer. Varios de ellos estaban en activo ya a finales del siglo XIX.

Busoni

Ferruccio Busoni

Museo del Hermitage

¿Se cumplirá el sueño que día tras día invadía el espíritu de nuestro Jorge Wagensberg, una sede del Museo del Hermitage en Barcelona? Sobran los motivos para que así sea, ya que el legado del inequiparable museo ruso sería un gran paso de oferta cultural para nuestra Barcelona.

Vayamos a su historia con lo más esencial. El Museo del Hermitage nace oficialmente el año 1764, cuando la emperatriz Catalina II La Grande llega al poder y decide instalarse en el Palacio de Invierno. El gran complejo arquitectónico consta de varios edificios unidos a este palacio, residencia principal de los zares rusos. Fue diseñado por el arquitecto italiano Francesco Bartolomeo Rastrelli y construido entre 1754 y 1762. Junto al Palacio de Invierno, colocado en el centro,  hay a su lado el Pequeño Hermitage, construido de 1765 a 1769. Ya en tiempos de Caterina II, el Teatro del Hermitage (1783-1787) y el nuevo Hermitage (1841-1842).

Catalina II de Rusia

Catalina II de Rusia

El nombre de Hermitage proviene de cuando Caterina II hizo construir su “Pequeño Hermitage”, para su vida privada. Hermitage, és una palabra de origen francés que quiere decir ermita, es decir lugar de reflexión. Todo el conjunto del Hermitage tiene una extensión de unos 2 kilómetros y su altura es de unos 22 metros. Su forma es rectangular y su ubicación es espectacular, junto al bellísimo río Neva. El Museo del Hermitage es el complejo cultural más grande de Rusia y el que recibe mayor número de visitantes. Cerca de 3 millones al año. Luego le siguen el Museo del Kremlin de Moscú, la Galería Tretiakov también de Moscú, etc.

ermitage.jpg

LA COLECCIÓN
La colección del Hermitage posee unos 3 millones de obras de arte. Desde la Edad de Piedra hasta el siglo XX. Ocupa los cinco edificios situados a las orillas del
Neva. Hasta mediados del siglo XIX, el Museo era un lugar reservado para la élite. Pero a partir de Nicolás I, concretamente a partir de 1852, el Museo pasó a ser público. La colección del Hermitage abarca una temàtica enormemente amplia, entre pintura, escultura, muebles, numismática, armas, joyería, cristalería, tapices, vajillas, porcelana… Todo un arsenal, gran parte de él procedente de Europa y casi toda Asia, además del gran abanico de la cultura rusa.

Hacia finales del reinado de Catalina II, la colección del Hermitage contaba con 3.000 cuadros, 7.000 dibujos, más de 70.000 grabados y 10.000 piedras talladas, que
eran la principal afición de Catalina. En 1764 compró toda una colección de 225 cuadros de pintura holandesa y flamenca en Berlín, mientras diplomáticos rusos ubicados en Europa eran los encargados de adquirir todo tipo de objetos, desde cuadros hasta joyas, libros y documentos con destino al Palacio de Invierno. En 1769 adquirió la colección del conde Heinrich vn Brühl, con obras de
Rubens y Rembrandt. En 1772, la del barón Pierre Crozat, con obras de Rafaello, Rubens y van Dyck, En 1781, la del conde de Baudouin, con autores holandeses, flamencos y franceses. Y en 1787, una importante colección de escultura, perteneciente a John Lyde-Brown, director de un Banco británico, que contenía 300 esculturas romanas,griegas y renacentistas. Todo ello por iniciativa por Catalina II, además de ocuparse del complejo arquitectónico que forma el actual Hermitage. Luego se fue enriqueciendo gracias a Nicolás I, y después al zar Alejandro I, hasta el final de la época de los zares, con Nicolás II.

ALEJANDRO I
Cuando el zar entró con sus tropas en el año 1815 en París, realizó una de las compras más espectaculares: la colección privada de la emperatriz Josefina, que contenía pintura y esculturas. Fue a su muerte que Alejandro dejó a sus herederos 38 cuadros de gran importancia: varios de ellos eran de Rubens y de Rembrandt, así como esculturas de Antonio Canova. El año 1837 fue nefasto para el Hermitage. Gran parte del Palacio de Invierno fue pasto de las llamas, pero se logró desmontar las conexiones con el Pequeño Hermitage para evitar mayores males. Más tarde, en 1850, se adquirió la colección del Palacio de Cristoforo Barbarigo, donde albergaba cuadros de Tiziano, y en 1865 se compró la Madonna Litta de Leonardo da Vinci. Luego, en 1870 y a un alto precio se compró al Gobierno Italiano La Virgen y el Niño de Raffaello. Las compras no cesaron y el Museo se fue enriqueciendo paulatinamente.

Madonna Litta, de Leonardo

Madonna Litta, de Leonardo da Vinci

EL SIGLO XX
En el año 1904, el Palacio de Invierno deja de ser la residencia imperial y, cuando se declara la Primera Guerra Mundial, el museo se convierte en un hospital,  mientras las colecciones se trasladan a Moscú por cuestions de seguridad. No volvieron hasta 1924. Pero en 1941, con la entrada de las tropas alemanas en Rusia, de nuevo se produjo otra evacuación de las obras del Hermitage, y se mandaron en tren en la localidad de Sverdlovsk, en los montes Urales. Tras el final de la terrible contienda, el Museo abrirá de nuevo las puertas al público, y en 1948 recibirá del Museo de Arte Contemporáneo Occidental de Moscú, más de 300 obras importantísimas: cuadros del siglo XIX y XX de grandes impresionistas. Entre ellos Renoir, Matisse, Monet, Van Gogh, Gauguin, y también de Pablo Picasso. Es importante subrayar que, en los inmensos sótanos del Museo, hay cientos y cientos de obras, todavía pendientes de clasificar o restaurar. Y precisamente es en los sótanos donde tenemos algo muy curioso para contar: la presencia de numerosos gatos.

LOS GATOS DEL HERMITAGE
Me place cerrar esta breve historia cultural de Rusia hablando de gatos, ya que a nuestro Jorge le gustaban mucho. Influido por su gran amiga Alicia, que fue una persona que amaba los animales de manera poco frecuente, recuerdo que Jorge siguió sus pasos en el mismo Museo de Cosmocaixa, en el que se podían observar gatitos por los jardines. Los abrazaba con ternura. Y los gatos del Hermitage tienen historia. Cada año, en Primavera, se celebra el Dia del Gato, costumbre que viene desde 1999. Pero, ¿Por qué gatos? Resulta que la emperatriz Isabel I fue la que dictó un decreto para obtener “los mejores y más grandes gatos”, debido a la invasión de ratas y ratones que circulaban por el Museo. La finalidad era integrar un gran equipo de gatos para eliminar a los roedores. Poco después, cuando Catalina la Grande se hizo cargo del Museo, en el año 1764, convirtió a los gatos en guardias oficiales. La costumbre no se perdió y, como decía, desde 1999 se celebra una gran fiesta en honor a los gatos cada año. Allí se pueden comprar o vender felinos enmedio de un día feliz y de reconocimiento hacia los gatos.

Hermitage - gats.jpg

Einsenstein

Cuando se piensa en el cine ruso enseguida nos viene a la mente el nombre de Serguei Eisenstein (1898-1948). Su film El acorazado Potemkin del año 1925, una de las grandes obras del cine mudo, fue un hito dentro del lenguaje cinematográfico. La escena del amotinamiento en el barco y la impactante escena de acción de la escalinata fueron dos momentos decisivos en el lenguaje cinematográfico. Eisenstein nació en Riga. Era hijo de padre judío y madre eslava. Estudió arquitectura y bellas artes antes de enrolarse enlas milicias populares en la Revolución de Octubre.

Potemkin

Pero la historia cinematográfica de Rusia tiene una larga historia. Las primeras sesiones de cine en Rusia tuvieron lugar ya el año 1896, con la proyección de la primera película de los célebres hermanos Lumière, inventores del cinematógrafo. Se proyectó el film mudo titulado La Sortie de l’usine Lumière à Lyon. Y el primer film ruso apareció en 1908, con el título Stenka Razin. Era un cortometraje histórico de 6 minutos de duración, que marcaba el nacimiento del cine ruso. Luego el cine prosperó con rapidez. El año 1913 en toda Rusia funcionaban ya más de 1.400 salas de cine. Uno de los más destacados directores fue Yakov Protazánov. Sus películas estaban basadas en las obras homónimas de Pushkin y Tolstoi, La dame de piques (1916) y El padre Sergio (1918).

Eisenstein 1

LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE
El año 1917 con la revolución de los bolcheviques entramos en una nueva etapa del cine ruso. Lenin pronunció una frase que se hizo histórica: “De todas las artes el cine es para nosotros la más importante”. En aquella época la población rusa era muy analfabeta y Lenin consideraba el cine, así como también la radio, el medio de comunicación más eficaz. En 1919 el nuevo Gobierno nacionaliza la industria cinematográfica y comienzan a emerger jóvenes de gran talento como Serguei Eisenstein, Lev Kuleshov, Vsévolod Pudovkin y Dziga Vertov. Este último revolucionó el género documental con su innovador filme El hombre con la cámara (1929). Kuleshkov fue uno de los iniciadores del cine soviético con Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques, rodado en 1924. También se distinguió por crear nuevas técnicas de montaje. Pudovkin destacó por su poderoso drama inspirado en el relato La madre de Máximo Gorky, rodada en 1926.

STALIN
En los años 30 Stalin llega al poder y comienza una represión y persecución política conocida como La Gran Purga. Todas las artes se vieron afectadas y el cine se convirtió en un importantísimo medio propagandístico, con el principal objetivo de divulgar el ideal socialista. En 1931 aparece el sonido, que pone fin al cine mudo. Se estrena la primera película sonora El camino a la vida, del director Nikolai Ekk, que muestra la miseria de los niños. Obtuvo un gran éxito y fue adquirida por más de veinte países. Entre los cineastas de aquellos años, destacan Grigori Alexandrov y Mijail Romm. Alexandrov fue quien realizó la primera comedia musical rusa, mientras que Romm se hizo famoso con sus dos películas sobre Lenin, que iniciarían una serie de películas sobre el personaje. De esa época, entre 1938 y 1942, fue cuando Einsenstein realizó dos grandes films de temática histórica, que aún a día de hoy siguen causando un impacto enorme. El primero estaba dedicado a dos héroes nacionales rusos, como fueron Alexander Nevsky (1220-1263) e Iván El Terrible. La estructura original se componía en tres partes y la obra fue calificada por la burocracia soviética como una denuncia al culto a la personalidad de Stalin. La segunda parte, titulada La conjura de los boyardos, estuvo prohibida hasta la muerte del dictador.

Eisenstein + Prokofiev

Prokófiev y Eisenstein

Pero lo definitivo, lo que hizo que estos filmes adquirieran una fuerza y tensión dramática, fue la intervención de Serguei Prokofiev como compositor de la banda sonora. Eisenstein recibió el Premio Stalin por Alexander Nevsky. Los dos genios debían volver a colaborar juntos en la película El amor de un poeta, pero la muerte de Eisenstein no lo hizo posible. Murió el 11 de febrero de 1948. También hay que destacar la figura del entonces joven Shostakóvich, que en sus tiempos de estudiante se había dedicado como pianista acompañante de películas mudas en el cine El Film Luminoso. Shostakóvich, en esa etapa estudiantil (1924-1926), puso música a más de 30 películas. Entre los filmes de ficción rodados durante la Guerra destaca el drama Arco Iris, dirigido por Mark Donskói en 1944. El film relata la captura de una guerrillera rusa por los nazis. Stalin lo controlaba todo. Cine, música sinfónica, ópera, teatro y naturalmente los escritores. Asistía a muchos acto y luego venían las consecuencias. Sus desacuerdos podían tener fatales consecuencias.

ALEXANDER NEVSKY

Alexander Nevsky

El regreso de Stravinsky

En 1962 Igor Stravinsky recibió una invitación para visitar Rusia. Habián pasado cincuenta años desde la marcha de su tierra y su vuelta fue considerada un gran acontecimiento. Emoción al máximo. Stravinsky respondía casi siempre de manera violenta sobre su origen y pasado en Rusia. No era para menos. Su reacción era contra el gobierno soviético, que había rechazado su música como también lo haría de otros compositores como Prokófiev o Shostakóvich. La prohibición de su música comenzó ya a principios de los años 30, cuando los dirigentes soviéticos lo consideraron “ideólogo artístico de la burguesía imperialista”. Luego, con la muerte de Stalin, el panorama comenzó a cambiar. La campaña contra los “formalistas” y los compositores marginados volvieron a su lugar. Para Stravinsky el pasado fuera de Rusia lo alejó de su país pero no lo olvidó. Los años pasaban y recuerdos de infancia iban apareciendo con frecuencia. El famoso libro La madre, de Gorky, lo releyó de nuevo, así como publicaciones que leía en los primeros años del siglo XX. Influyó también el interés por parte de la generación de jóvenes compositores rusos que sentían un gran deseo y una necesidad vital en conocerlo personalmente.

Stravinsky.jpg

El día 21 de septiembre de 1962 Stravinsky regresaba finalmente a Rusia, no a la “Unión Soviética”. Stravinski declaró: “He hablado en ruso toda la vida. Pienso en ruso, mi manera de expresarme es rusa. Tal vez no se perciba en la música y en la primera audición, pero es una característica inherente en ella y parte de su personalidad oculta”.

Stravinsky casi no conocía a Moscu pero sí San Petersburgo lugar de su niñez. Había retrocedido cincuenta años y el compositor se emocionó cuando contempló el Teatro Marinski, con el que tuvo tantos recuerdos. Era el lugar donde se había criado. Recordaba muchas cosas y una de ellas, para él la más emocionante, era cuando de muchacho iba con su padre a presenciar un espectáculo de ballet. Se acordó de la majestuosa decoración azul y dorada del auditorio, de los resplandecientes candelabros. Y contó que en una ocasión, en el año 1892, salió del palco hacia el foyer durante una función de gala de Ruslan y Ludmila de Glinka, donde su padre cantó el papel de Farlaf y recordó también que vio sentado a Tchaikowski, con el cabello completamente blanco.

Este viaje a Rusia lo hizo acompañado del director de orquesta y amigo Robert Craft, autor de varias publicaciones sobre Stravinsky. En la Gran Sala de la Filarmónica se celebró un gran concierto en el que se ejecutó La consagración de la primavera. Stravinskiy pronunció un sobrio discurso que comenzaba con unas bellísimas palabras: ”El olor de la tierra rusa es diferente, y es imposible olvidar algo así. Un hombre tiene un lugar de nacimiento, una patria, un país, sólo puede tener uno, y el lugar de nacimiento es el factor más importante de su vida. Rusia es mía y la amo, y ese derecho no se lo doy a ningún extranjero”.

Stravinsky 2.png

Khatchaturian

Aram Katchaturian (1903-1978) fue un gran compositor armenio, uno de los últimos de una gran generación. A Katchaturian se le tiene a veces como más ligero y menos importante que los más consagrados. Pero, sin duda, es un autor indispensable. És el más directo representante de la introducción del folklore armenio en su obra y asimilarlo junto con la música rusa tradicional.

Ingresó en el Conservatorio de Moscú el año 1929, estudiando con Miaskovsky, Vassilenko e Ivanov Radkevitch para la instrumentación. Katchaturian tenía la habilidad de improvisar al piano todo lo que le venia en la mente y en especial la “música del pueblo”, que tanto amaba. Una de las primeras obras que compuso, hoy muy interpretada, fue el Trío para clarinete, violín y piano. En 1937 escribirá y estrenará su Concierto para piano y orquesta, una composición de gran brillantez, que estrenó su dedicatario, el gran pianista Lev Oborine. Luego vino el famosísimo
Concierto para violín y orquesta, dedicado y estrenado por el gran David Oistrakh. Esta obra formidable lo llevó a la fama sin paliativos. Cuando se ejecutó el año 1940 en los Estados Unidos, el éxito fue clamoroso. Este Concierto en el día de hoy es obra indispensable, ya sea en los conservatorios como en los programas de todo violinista. Su lenguaje es tan directo, vivo, fresco y genuino, que el público lo recibe con real entusiasmo. Es, sin duda, el mejor ejemplo de concierto folklórico para violín y orquesta.

De Katchaturian es célebre por ejemplo la famosa Danza del sable, extraída de su ballet Gayaneh, donde sobrepone ritmos caucasianos de gran viveza. Su ballet Spartacus es también una obra cumbre, que escribió en 1954 y que fue representado con grandes honores en el Teatro Bolshoi de Moscú, en abril de 1968. Katchaturian escribió también una Rapsodia-Concierto para piano y orquesta y tres sinfonías de gran calado y personalidad.

khatchaturian.jpg