Ethel Smyth (1858-1944)

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Llegamos a la británica Ethel Smyth, figura determinante de las mujeres compositoras. En Inglaterra es figura idolatrada y su música se programa frecuentemente. Nacida en Londres, fue una mujer temperamental, rebelde y genial. No era solo compositora sino también una verdadera defensora sobre los derechos humanos, por el trato que recibían las mujeres. Ethel Smyth fue una de las impulsoras de la Unión Social y Política de Mujeres (Women’s Social and Political Union, WSPU), una organización militante sufragista, formada por mujeres todas ellas activistas. Su líder era Emmeline Pankhurst. La implicación de Ethen con el grupo incluía actos de desobediencia civil, como uno que se convirtió en un escándalo. Ocurrió el año 1910, cuando participó en la rotura de cristales, a pedradas, de las casas de los políticos anti-sufragistas. El escándalo fue mayúsculo y supuso la encarcelación de 108 mujeres, entre las cuales había Ethel Smyth, que tuvo que cumplir dos meses de cárcel. Como consecuencia de este hecho, escribió la obra sinfónica Songs of Sunrise, cuyo cuarto movimiento –The March of the Women– se convertiría en el himno del movimiento sufragista. Se estrenó en 1911, con todos los honores, en versión de la London Symphony Orchestra y el Chrystal Palace Choir, bajo la dirección de la misma Ethel Smyth.

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SU VIDA

Ethel Smyth provenía de una familia militar. Era la cuarta de ocho hermanos. Su padre tenía un cargo elevado en las fuerzas armadas británicas y se opuso firmemente a que Ethel se dedicara a la música. Sin embargo, en 1877, Ethel decidió marchar a Leipzig para ingresar en el Conservatorio de dicha ciudad. Estuvo poco tiempo en la conocida institución debido a lo que ella consideraba un ambiente desfavorable. Pero no abandonaría Leipzig y así prosiguió sus estudios con el profesor Heinrich von Herzogenberg, con el que aprendería armonía, contrapunto y orquestación. Los 10 años que residió en Leipzig le permitieron conocer a grandes compositores, como Brahms, Grieg y Dvorak.

De regreso a Inglaterra, en 1890 se instaló en Londres. Debutó en esta ciudad con diversas obras orquestales, estrenando las oberturas Serenade y Anthony and Cleopatra en el Crystal Palace, donde obtuvo un gran éxito, a pesar de la sorpresa que supuso que la autora fuera una mujer.

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LSE Library

Tres años más tarde, en 1893, estrenará la que será su gran obra: la Misa en Re. Fue en el Royal Albert Hall y dedicó la composición a su amiga y devota Pauline Trevelyan. La Misa de Ethel Smyth es conmovedora y escrita con un oficio total. Dominio de las voces, de la forma, del relato orquestal, siempre eficaz. Es una obra maravillosa, que coloca a la compositora en el rango más alto de la composición.

El año anterior, 1892, había iniciado su etapa como compositora de óperas. Escribió seis. De todas ellas, destacan The Weckers, escrita entre 1902 y 1904 y estrenada en Leipzig. También su ópera más feminista, The Boatswain’s Mate, influenciada por el movimiento sufragista y compuesta entre los años 1913 y 1914. La última fue Entente Cordiale, escrita entre 1921 y 1922.

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Destaca y mucho también su obra sinfónica con solistas: el Concierto para violín, trompa y orquesta, escrito en 1927. Una obra bellísima y única, por la unión de dos instrumentos que raramente actúan juntos como solistas. Otra composición de grandes dimensiones fue The Prison, para coro y orquesta, compuesta entre 1929 y 1930, a partir de un texto metafísico de Harry Brewster.

Ethel Smyth tiene además obras de cámara preciosas. Por ejemplo, los dos Cuartetos, en re menor y do menor. El Quinteto de cuerda en do menor. Dos sonatas, una para violín y piano, y la otra para violonchelo y piano. Un Trío de cuerda en Re Mayor, y dos tríos más, para piano, violín y oboé, de 1914 y 1927, respectivamente.

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Ethel Smyth fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Oxford y por la Universidad de St. Andrews, además de Dama Comandant de la Orden del Imperio Británico.

Con ella termino esta primera serie de artículos sobre compositoras. Se desprende a lo largo de todas ellas un patrimonio inmenso, olvidado y maltratado. A partir de Ethel Smyth, hay todavía mucho camino por recorrer, ya que son muchas las mujeres que han dedicado su vida a la composición. Intentaré insertar las más conocidas y pido perdón por alguna omisión que pueda haber. En septiembre continuaremos con nuevos artículos, ya con compositoras nacidas entre los años 1860 y 1930.





Anuncis

Luise Adolpha Le Beau (1850-1927)

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Considerada por el rotativo Berliner Neueste Nachrichten como “la compositora más talentosa de su tiempo”. Esta pianista y compositora alemana nació en la ciudad de Rastatt, en el ducado de Baden. Su padre era militar pero también un buen músico. Fue el quien ilustró a su hija ya de muy pequeña. A los 8 años, Luise compuso su primera pieza y enseguida estudio con musicos locales canto, piano y composición. A los 18 años hará su debut con la Baden Court Orchestra, interpretando el Concierto en sol menor de Mendelssohn. Luego seguiría una larga carrera como pianista y también como compositora, permitiéndole entrar en contacto con grandes figuras del siglo XIX, como Franz Liszt o Johannes Brahms.

Su vida se desarrolló en tres etapas: Múnich, Berlín y Baden-Baden. En Múnich fue aceptada por el profesor Josef Rheinberger. Allí estuvo más de 10 años y compuso varias de sus mejores partituras. Ademas creará un Curso Privado de Piano y Teoría para hijas de gente culta. La siguiente ciudad donde vivió fue en Berlín, donde residió entre 1890 y 1893. Fue un período bastante duro. No le fue fácil acceder a un rango académico como compositora ni como profesora, dentro del sistema prusiano, basado en ideas muy rígidas. Finalmente, se establecerá en Baden-Baden. Allí participará activamente en conciertos de cámara, formando su propio círculo. Obras como Ruth, Hadumoth o su poema sinfónico Hohenbaden se interpretarán con frecuencia. En 1896, morirían sus padres, lo que significaría un duro contratiempo.

Su catalogo contiene lieder, corales, oratorios, obras para piano, sonatas, tríos, cuartetos e incluso ópera.




Fanny Mendelssohn y Clara Wieck

FANNY MENDELSSOHN
La relación de Fanny con su hermano Felix fue muy estrecha. Ella era cuatro años mayor que él. Ambos hermanos “jugaban” con la música, se intercambiaban partituras, temas y todo tipo de ocurrencias. Pero, más tarde, su situación dio un giro inesperado.

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Hijos de un rico banquero judío, vivían lujosamente en un tipo de sociedad paternalista, que influyó en la familia Mendelssohn. La cuestión es que el joven Felix, en detrimiento de Fanny -por ser mujer-, tuvo un apoyo ilimitado, con viajes continuos y multitud de ocasiones para perfeccionar su arte, dirigiendo y dando conciertos como pianista. Por el contrario, Fanny a los 14 años la obligaron a continuar su futuro como madre y como esposa, siguiendo las normas de su clase social privilegiada. Los conciertos públicos, o la publicación de sus obras, no formaban parte de la actividad femenina. Pero sí que se organizaban veladas en su casa de Berlín, a las que acudían personajes y músicos conocidos. Allí es donde Fanny tenía su campo de acción. Así, a partir de 1820, se celebraron las Sonntagsmusiken.

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Ella dirigía un coro de 20 cantantes y a la Orquesta de la Hofkapelle: oratorios, extractos de óperas, además de interpretar música de cámara o recitales ella sola, con todo tipo de obras, especialmente de Bach, Beethoven y de su hermano Felix. Pero el evento principal de estos conciertos fue la puesta en escena de la Pasión según San Mateo de Bach. La puesta en escena de la Pasión de Bach fue un acto solemne y testimonial, que tuvo lugar en Berlín en 1829, y que reunió jóvenes poetes, filósofos y científicos, además de la presencia de su hermano Félix que tenía con Fanny una relación de admiración recíproca. Félix se movía en la escena pública y Fanny en su reducto privado.

A partir de 1831, Fanny pasó por un gran momento creativo, con la composición de tres cantatas con dos solistas vocales, un coro en cuatro partes, la orquesta con timbales. La obra posteriormente se titularía Oratorio sobre escenas de la Biblia, estructurada en un total de 13 movimientos. Como pianista, Fanny fue extraordinaria. Para la historia ha quedado la proeza de interpretar de memoria, con tan solo 13 años, los 24 preludios de El clave bien temperado, de Johann Sebastian Bach, en una de las audiciones realizadas en su casa de Berlin.

Más adelante Fanny viajaría hasta Italia. En Roma pasaría junto a su marido -el pintor Wilhelm Hensel- los días mas felices de su vida, ya que fue acogida por músicos italianos con gran entusiasmo y admiración.





CLARA WIECK
Bien distintos fueron los inicios de Clara Wieck, la más famosa pianista del romanticismo. Su padre era un conocido pianista y maestro en Leipzig. Se llamaba Friedrick Wieck e hizo de Clara un verdadero prodigio. Con tan solo 5 años, Clara ya tocaba de oído, y su padre la animava a transportar pequeñas obras que improvisaba a partir de temas propios. Comenzó a actuar en público a los 9 años, impactando al propio Goethe, que admiró su capacidad para ejecutar su Scherzo opus 10, con distancias de décimas, una extensión entre notas casi imposible para su corta edad. También destacó el gran escritor la fuerza de sus manos que comparó con “la fuerza de siete jóvenes juntos”. Pero la imagen de Clara Wieck iba acompañada también de cierta tristeza, que le daba aún un conmovedor misticismo romántico.

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Se formó con una gran exigencia, dado el carácter intransigente de su padre. Comenzó a escribir su Concierto para piano y orquesta opus 7 a los 13 años y lo estrenó a los 16, en noviembre de 1835, en la Gewandhaus de Leipzig, con la orquesta que dirigía Mendelssohn, compositor que sentía una gran estima por ella. La obra era como el relato de una joven virtuosa de clara vocación compositiva. Pronto aparecerá también la figura de Robert Schumann, lo que le supuso un cambio de vida substancial.

Schumann se enamoró de ella y entre los dos hubo una correspondencia “secreta”, debido a la oposición de su padre, Friedrick Wieck. Se casaron el 12 de septiembre de 1840. A partir de entonces, su vida fue otra. Nueva residencia y nacimiento de las dos primeras hijas, en 1841 y 1843. Su dedicación a la composición cambió por completo. Schumann influyó en su obra y los lieder pasaron a ser la composición preferente, limitando también a partir de entonces sus actuaciones como concertista. En su diario escribió: “…no practico el piano todo lo que debería, siempre sucede lo mismo cuando Robert está componiendo. ¡En todo el día no me queda ni una sola hora libre para mi! Y también he tenido que renunciar a la lectura de partituras”.

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Es muy importante que haya elegido estas dos grandes pianistas y compositoras ya que, al estar unidas a dos nombres célebres del romanticismo, aumenta el valor de su empeño creativo. Ellas también serían relegadas al silencio, como ocurrió con todas las demás compositoras que forman un corpus todavía por descubrir.





Las mujeres compositoras

Estos últimos meses me he dedicado a las violinistas olvidadas y ahora es el turno, nada menos, que de las compositoras. Conocía algunas pero reunidas todas ellas en un mismo listado produce una impresión muy grande. ¿Cómo es posible? Y pensar que de la mayoría de nombres no dice absolutamente nada. Una lista que reune unas 100 compositoras, a lo largo de más de tres siglos de historia. Es sin embargo un “listado secreto”. Dentro del sinfonismo, en la orquesta sinfónica, hay una norma. Una norma que hace ya tiempo que es LEY. Dice que la historia compositiva està formada solo por unos quince grandes nombres, que van básicamente de Mozart a Shostakovich. Naturalmente solo hombres. Esta base es inquebrantable y debe ocupar, como mínimo, el 60 por ciento del programa entero. Cuando digo esto, pienso en nuestro país, salvo alguna excepción. Un nombre desconocido es mala cosa. Las principales sinfonías y conciertos serán repetidos sin límite. Ninguna obra de un intruso será programada. Y cuando hablo de intruso me refiero a cualquier autor fuera del círculo habitual. La obra de compositores locales irá siempre colocada donde menos moleste a la obra póstuma. También de intrusas se considera a las mujeres compositoras. Una obra femenina es una rareza. El listado al que antes me refería, con la gran mayoría de nombres desconocidos, tiene una sencilla explicación. El hombre ha sido el principal culpable de que exista un “listado secreto”. Él ha sido quien ha robado la libertad de la mujer, relegándola a un silencio total, impidiendo durante años su dedicación a la composición. Su lugar era de orden doméstico. Prohibir su realización a nivel cultural o despreciándola en su voluntad de creadora. El objetivo se logró. Las orquestas sinfónicas casi nunca o nunca programan obras de compositoras. El listado es SECRETO.

Sir Thomas Beecham en su día pronunció una célebre frase que parece ha tenido su efecto. Dijo: “Nunca han existido, ni existen, ni existirán, mujeres compositoras”. Mi trabajo consistirá en aportar información de las compositoras nacidas hacia 1800 hasta las primeras décadas del siglo XX, pero sobre todo adjuntando grabaciones de sus obras, que a día de hoy se pueden encontrar fácilmente en el portal YouTube. Antes, sin embargo, debo referirme a varias compositoras que fueron extraordinarias en el pasado. Autoras del Renacimiento tardío y del Barroco, de las que también se pueden encontrar excelentes grabaciones en internet.

ALGUNOS NOMBRES DEL RENACIMIENTO Y EL BARROCO
La italiana Francesca Caccini (1587-1640) está considerada una de las primeras compositoras de la historia. Era de Florencia y estuvo ligada a la Corte de los Medici. Era el centro creativo más importante del mundo. El 3 de febrero de 1625 estrenó la ópera La liberazione di Ruggiero. La también italiana Maddalena Casulana (1544-1590) fue una célebre cantante y experta en el laud. Publicó sus propias composiciones especialmente los madrigales. Otra italiana fue Isabella Leonardi (1620-1704), que se especializó en
música instrumental. Era Abadesa del Convento de Santa Ursula, en Novara. Escribió los Salmos para il Vespro della Beata Vergine di Loreto.

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Francesca Caccini

A Elisabeth Jacquet de La Guerre la tenemos que situar en París (1665–1729), en el reinado de Luis XIV. Escribió sonatas para clave y violín y destacó por una bellísima voz. Maria Margherita Grimani fue una monja agustina activa durante años en Viena. Compuso la ópera dramática Pallade e Marte, que se representó en Viena durante el aniversario de Carlos VI, el 4 de noviembre de 1713. Ana Amalia de Prusia (1723–1787) era hija de Federico Guillermo I de Prusia. Su padre la atormentó de manera despiadada, ya que de ninguna manera quería que su hija fuera compositora. También compositora fue Marianne von Martinez (1744–1812), discípula de Joseph Haydn que la llamaba “la pequeña española”. Además de compositora, fue cantante, musicóloga y pianista. Compuso misas, el Salmo 113 para coro y orquesta, y una Sinfonía en Do. De la misma época es Maddalena Laura Sirmen (1745–1818), violinista y compositora italiana nacida en Venecia. Fue discípula de Giuseppe Tartini, que la apoyó en todo momento. Escribió un excelente Concierto para violín, que estrenó con mucho éxito en Londres.

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Elisabeth Jacquet de la Guerre

Marie Emmanuelle Bayon (1746–1825) tuvo una gran actividad e influencia en Francia. Su carrera es interesantísima. Compuso música para obras teatrales, además de dos óperas. Era polifacética, y fue muy admirada por destacados hombres de la Ilustración francesa del siglo XVIII, además de por reconocidos compositores extranjeros. El listado de estas pioneras podría ser más largo, pero creo que ya es suficiente ya que de todas las que he nombrado se encuentran, como decía antes, excelentes grabaciones, que en el fondo es lo más importante. Además, hay literatura especializada sobre el tema. Una de las últimas novedades, de gran interés, es la que acaba de publicar la Editorial Acantilado bajo el título de Armonias y suaves cantos. Las mujeres olvidadas de la música clásica, cuya autora es la inglesa Anna Beer. Su libro es excepcional. Muy recomendable.

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LAS COMPOSITORAS DEL SIGLO XIX
Iniciaré a partir de ahora, una serie de artículos dedicados a las mujeres compositoras con dos nombres relevantes: Fanny Mendelssohn y Clara Schumann, que precisamente convivieron con dos de los grandes compositores del romanticismo: Felix Mendelssohn y
Robert Schumann. Es desagradable e incomprensible que dos de los compositores que mas adoramos y escuchamos hayan tenido precisamente una conducta egoísta enfrente a las dos mujeres citadas.

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Fanny Mendelssohn

Fanny y Clara fueron dos grandísimas pianistas pero también compositoras desde la edad más temprana. Las dos facetas iban en paralelo. Tenían además una preparación musical muy sólida, adquirida con los maestros Zelter y Wieck (el padre de Clara), respectivamente. Pero las dos facetas que iban en paralelo sufrieron un contratiempo que vino directamente de los compositores mencionados. En el caso de Felix Mendelssohn, también hay que añadir la intervención de su padre, Abraham Mendelssohn Bartholdy. Ni Schumann aceptaba tampoco que Clara fuera también creadora. Fanny, dado su nivel de vida muy alto, debía de seguir con las normas habituales centradas en el hogar. Sentirse mujer, madre y realizar su actividad artística en el hogar. Sin embargo, ambas siguieron componiendo, en especial piezas para piano y música de cámara. Fanny, a partir de 1820, organizaría en su lujoso domicilio los conocidos conciertos Sonntagmusiken, que llevó a cabo hasta casi el final de su vida.

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Clara Schumann