Las artes y la literatura

Fue  más o menos a partir de 1812 cuando la literatura y las artes rusas emprenderían un viaje de una calidad excepcional. Única. Los grandes escritores, compositores y pintores, aparecieron con la fuerza de un volcán. Los nombres ilustres han sido muchos y es importante señalar la enorme influencia ejercida por los escritores ya que con la letra escrita fueron capaces de aportar una información de vital trascendencia. Fueron ellos los que marcaron un camino a seguir y los que con toda claridad y pasión describieron personajes y escenas profundamente arraigadas en la vida de los rusos. Los escritores sentían el deber de llegar a la verdad. Guerra y paz de Tolstoi es el ejemplo idóneo de las inquietudes de los grandes escritores cuya pregunta principal partía de lo que significaba ser ruso. Donde se encontraba la verdadera Rusia, ¿en Europa o Asia? La cultura europea de las clases superiores y la cultura rusa del campesinado avanzaban paralelamente, unos alejándose de las costumbres extranjeras, renunciando a la cultura de la Corte de San Petersburgo, y otra penetrando en el secretismo del “alma rusa” tal como sintió el compositor Mussorsgky en su primer viaje a Moscú.

De todas formas, el renacimiento cultural ruso del siglo XIX no fue fácil. Por ejemplo para los nobles: ser poeta o artista era una desgracia familiar. Los nobles debía de ocupar un lugar de servicio al Estado. Pushkin fue uno de los primeros en rechazar  el servicio estatal. Rimsky Korsakov fue obligado a ingresar en el servicio naval. Moussorsgky a la escuela de Cadetes de San Pateresburgo, Tchaikowsky  a la Escuela de Jurisprudencia…

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El Monasterio de Optina Pustyn

Monasterio de Optina Pustyn

El pueblo ruso es muy emocional, nostálgico y de reacciones imprevisibles. No es casual que en la filosofía rusa el término de “alma rusa” sirva para describir el caràcter ruso y su manera particular de entender el mundo. Este concepto aparece en obras filosóficas, literarias y musicales, y forma parte de la cultura popular rusa. Entre las características del alma rusa figuran el misterio y la amplitud. Gogol, Tolstoi o Dostoievski son algunos de los autores que lo utilizan en sus obras. Para muchos de ellos, el Monasterio de Optina Pustyn -emplazado en un majestuoso bosque de pinos sobre el río Zhidra, en la región de Kaluga, al sur de Moscú- fue y sigue siendo un lugar venerado. Se considera el centro espiritual más importante de la iglesia ortodoxa.

En el siglo XIV ya existía una construcción de madera, ocupada por ermitaños. Sobrevivió durante los siglos XVI y XVII hasta que en 1750 se empezó a construir la gran iglesia y años después el majestuosos campanario. En el siglo XIX era ya un lugar muy conocido y frecuentado. Un lugar donde la jerarquía eclesiástica secundaba un profundo respeto hacia la vida ascética. Un espiritualismo profundo pero sencillo.

Muchos artistas y escritores pasarón días y días en aquel paraíso silencioso. Destaco personajes como Nikolai Gógol, Iván Turguéniev y Piotr Tchaikovsky -que lo visitaron en momentos de crisis personal-, y sobretodo Fiódor Dostoievsky y Lev Tostoi, cuyas visitas estaban envueltas de fuertes crisis internas.

En el caso de Dostoievsky lo visitó en 1878 cuando ya había empezado a escribir Los hermanos Karamázov. Su hijo Aliosha había muerto cuando todavía no había cumplido los tres. Fue un golpe para el escritor, que padeció una angustia irreversible y fue llevado al Monasterio Optina Pustyn, donde encontró sosiego y pudo recuperar a una cierta normalidad.

Tolstoi visitó el monasterio en varias ocasiones. La última vez fue en 1896. Aquel año sufre una crisis existencial, agravada con fuertes discusiones hereditarias con su esposa, y dedide marcharse de su casa de Yásnaia Poliana. Acompañado por una hija suya y el médico Dushan Makovitski, se dirige primero al Monasterio, para luego proseguir el viaje en dirección a Rostov -junto al río Don-, donde vive su hermana. Sin embargo, no podrá llegar. Una intensa fiebre alta lo mantuvo en la estación de ferrocarril de Astápovo, donde murió.

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